Adiós mamá

Siempre vuelvo a Jardiel.

Contaba el gran literato madrileño una cosa que me ha servido de mucho estos días. Lo encontré, hace tiempo, en uno de sus prólogos (o quizá en uno de aquellos textos en los explicaba las circunstancias en las que había escrito alguna de sus obras de teatro). Jardiel estaba en una situación límite y no era capaz de escribir una sola línea. Y decidió hacer algo al respecto. Se dirigió al cementerio, a la tumba en la que descansaban los restos de su madre, en busca de inspiración. Era "su muerta". Siempre que lo hacía, salía reconfortado y con nuevas fuerzas para afrontar todo tipo de desafíos.

Ahora yo también tengo a "mi muerta". Hace dos semanas mi madre nos dejaba de manera inesperada. Lo he pasado fatal y sé que el hueco que ha dejado en mí, y que no noto físicamente en el centro de mi pecho, no se cerrará jamás.

Pero estoy mejor, porque ya puedo proclamar a los cuatro vientos que mi madre siempre fue guapa, siempre tuvo buena salud, fue querida por mucha gente y quiso a muchos más de los que la quisieron, y siempre se estaba cagando de risa.

La primera persona que me dio un libro de Enrique Jardiel Poncela fue mi madre.

Adiós mamá, siempre estarás en mi corazón y siempre que sea feliz lo compartiré contigo, aunque no sé de qué manera.