miércoles, 26 de septiembre de 2007

¿Nuestro periódico?

Nunca entendí por qué mi padre, un tipo de derechas, compraba El País y nunca, o casi nunca, el ABC o El Mundo. Quizá empecé a hacerlo en la campaña electoral para las Generales del 93, cuando muchas encuestas dieron que la IU de Anguita llegaría a los 30 diputados y que Aznar iba derrotar al PSOE de Felipe. El País, con Haro Tecglen a bordo, lideró la campaña del Voto Útil y al final González ganó sus últimas elecciones.

El País no es de izquierdas. Por estrategia ha ocupado un nicho que no le corresponde y hoy, más que nunca, lo estamos viendo. Pero es el periódico donde escribía Manuel Vázquez Montalbán y, de vez en cuando, Ignacio Ramonet. Por eso lo he seguido comprando. Bueno, por eso y porque no hay otro más afín a mi visión del mundo. De todas maneras, me he tenido que tapar la nariz muchas veces. Por ejemplo, con las columnas de Vargas Llosa.

Hoy ha nacido Público. Supuestamente, es representante de una "izquerda popular". Supuestamente, es mi periódico. Veremos si es así y si, siendo así, puede sobrevivir.

lunes, 24 de septiembre de 2007

La era del sincronismo

Llevamos viendo las mismas caras desde hace años. Llevamos escuchando las mismas músicas desde hace años. Llevamos vislumbrando los mismos futuros desde hace años. Nuestro tiempo es casi inédito en eso. Lo normal es que una canción, un estilo, un sabor o un lo que sea se identifiquen con determinada época. Pero no es eso lo que ocurre hoy, aquí y ahora.

- ¿Tiene importancia?
- Sí. Creo que sí.

La moda es lo que se pasa de moda. Pero también es más que eso. Es el reflejo de una personalidad, de un código, de una cosmovisión, de una idea del mundo. Por eso se pasa de moda, porque lo humano significa mutación. Cambio perpetuo. Contradecir el pasado para construir el futuro.

- Nuestra era no tiene personalidad, ¿es eso?
- Sí.
- Pues no me parece tan trascendente.
- Lo es. Y mucho.

Dicen los cristianos que el fin del mundo es cuando todos los tiempos coinciden a la vez. Es decir, cuando ya hemos agotado todo el combustible. No quiero decir que estemos avistando el apocalipsis físico (ese es otro tema), pero sí que estamos entrando en una fase en la que, filosóficamente, estamos terminándonos como especie.

- Vale. Lo entiendo. ¿Qué podemos hacer para evitarlo?
- Yo me voy a tomar una birra, tu verás lo que haces... Chau.

jueves, 20 de septiembre de 2007

Así me siento yo

En mitad de ninguna parte.
Hacía mucho tiempo que mi vida no abrazababa la interinidad de una manera tan intensa. Apenas hay espacio para las certezas. En cambio, no veo más que promesas con visos de hacerse realidad y preguntas. Preguntas acerca de dónde voy a comer hoy y con quién o acerca de hacia dónde va mi proyecto vital. Promesas. Preguntas. Sensación de provisionalidad.

La cosa esa de los amigos,
esa historia desinteresada y noble, que no pide (demasiado) a cambio, que es tan sencilla que te hace ser generoso sin saber que lo eres, sin pasar facturas, eso que siempre está cuando ni siquiera sabes que lo necesitas.

Escribir, una terapia para respirar. Una manera de entenderse a sí mismo. Un reto.

Así me siento yo. De momento mal, pero bien.

miércoles, 12 de septiembre de 2007

A 5 segundos

En mi perfil aparece este lema:

"Hacer planes no trae felicidad sino frustración".

En los últimos tiempos me he dado cuenta de que no sigo ese consejo. Pensaba que no, que vivía según venían las cosas, pero lo cierto es que me paso el día haciendo planes. Y también deshaciéndolos.

Siempre he sabido que estamos a 5 segundos de la tragedia y a 5 segundos de la gloria y que por eso no vale la pena preguntarse acerca del futuro, ni siquiera el inmediato futuro. Mi conocimiento de este hecho era puramente intelectual. Ahora es mucho más que eso.

martes, 11 de septiembre de 2007

Adiós mamá

Siempre vuelvo a Jardiel.

Contaba el gran literato madrileño una cosa que me ha servido de mucho estos días. Lo encontré, hace tiempo, en uno de sus prólogos (o quizá en uno de aquellos textos en los explicaba las circunstancias en las que había escrito alguna de sus obras de teatro). Jardiel estaba en una situación límite y no era capaz de escribir una sola línea. Y decidió hacer algo al respecto. Se dirigió al cementerio, a la tumba en la que descansaban los restos de su madre, en busca de inspiración. Era "su muerta". Siempre que lo hacía, salía reconfortado y con nuevas fuerzas para afrontar todo tipo de desafíos.

Ahora yo también tengo a "mi muerta". Hace dos semanas mi madre nos dejaba de manera inesperada. Lo he pasado fatal y sé que el hueco que ha dejado en mí, y que no noto físicamente en el centro de mi pecho, no se cerrará jamás.

Pero estoy mejor, porque ya puedo proclamar a los cuatro vientos que mi madre siempre fue guapa, siempre tuvo buena salud, fue querida por mucha gente y quiso a muchos más de los que la quisieron, y siempre se estaba cagando de risa.

La primera persona que me dio un libro de Enrique Jardiel Poncela fue mi madre.

Adiós mamá, siempre estarás en mi corazón y siempre que sea feliz lo compartiré contigo, aunque no sé de qué manera.