A felicidade

El verano de hace 10 años fue duro para mí. No era feliz. Las razones de ese descontento eran muy fáciles de entender, incluso en aquel momento. Pero yo no hacía nada para superarlo, más bien me lanzaba de cabeza a la piscina de mi propia infelicidad. Creía que sufrir me iba a hacer digno de alcanzar un premio mayor. Es exactamente la misma estructura vida/cielo que proponen las religiones monoteístas.

De vez en cuando, veía la luz al final del túnel. Muchos de los días de aquel verano los empecé con el vinilo de María Creuza, Vinicius y Toquinho en La Fusa de Buenos Aires sonando en mi equipo. Cuando la aguja llegaba a "A felicidade" me permitía a mí mismo ser feliz por unos segundos.

Era un placer simple. La canción me hacía sentir bien. Me permitía restablecer un poco de armonía en mi relación con el mundo. Y no me pedía nada a cambio.

La felicidad, si es verdadera, es gratuita. Que lo sepa todo el mundo de una puta vez.

Comentarios

Mahoumamau ha dicho que…
Qué entrañable estampa, y que acertada reflexión. Uno empieza a ser feliz cuando se la pela no serlo.

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