Dylan et post datam

Me siento en la obligación de escribir de Dylan y su premio. Supongo que debería dar ofrecer una opinión original, o por lo menos intentarlo. Llevo todo el día de ayer y lo que llevamos del de hoy tratando de encontrar algo que decir que tenga cierta trascendencia. Algo que no sea alegrarse o decepcionarse o una postura entre esos dos extremos.

Hace unos años estuve de jurado en un concurso de jóvenes artistas organizado por la Consejería de Cultura de la Comunidad de Castilla La Mancha. A tal efecto me di a mi mismo una regla que me sirviera de vara de medir. Para juzgar a un artista debía decidir si su mirada al mundo y a su obra era personal e intransferible. Me gustara o no, tuviera nivel técnico o no, lo importante era si tenía algo distinto que ofrecer. Ya sea una perspectiva sobre algo antiguo o una cosa completamente nueva. Es entonces cuando me vino a la cabeza uno de los episodios más famosos de la historia de la música popular del siglo XX.

Bob Dylan era el profeta de la contracultura. Tenía una legión de admiradores devotos que adoraban cada una de esas canciones crudas, pero esperanzadas, que componen el corpus de su obra inicial. Ya se sabe, “Blowin’ in the wind” o “The times they are a-changin’”. Es entonces cuando Dylan decide cagarse en todo eso. Los analfabetos dicen que es por la influencia de los Beatles. Yo prefiero pensar en una anécdota que aconteció cuando escuchó la versión que habían hecho los Byrds de “Mr. tambourine man”. Dicen que Dylan dijo, fascinado: “No sabía que mi música se podía bailar”. Me puedo imaginar las caras de asombro de los acompañantes.

Dylan crea, a partir de entonces, un lenguaje totalmente nuevo. La primera piedra es “Highway 61 revisited” (1965). La fórmula era simple, pero genial. Demos al rock la altura poética del folk y al folk la excitación eléctrica del rock. El chaval no tenía ni 25 años.

Ayer, cuando me enteré de que a Dylan le habían dado el Príncipe de Asturias me quedé frío. Pero esta mañana he recordado “Like a rolling stone” y he decidido que si hay un artista verdadero en el mundo del rock, ese es Dylan. Hay unos cuantos que me gustan más, pero casi ninguno de ellos hubiera existido sin él. Puede que la única excepción sea Elvis.



P.D: Ayer murió una de las leyendas del fútbol argentino, el gran “Pipo” Rossi. Yo no le vi jugar, pero mi padre sí y por lo que me cuenta debía ser acojonante.



Comentarios

Pianista ha dicho que…
La pena es que el hecho mismo de aceptar esos premios certifica la propia caducidad.

Y no hablemos de lo del Papa.
EL PAPA.
Vencido ha dicho que…
Pues no hablemos del Papa. Y el último disco de Dylan ("Modern times", 2006) no es un ejemplo de caducidad precisamente.

Woody Allen también recibió (y aceptó) el Principe de Asturias, by the way.
djflow ha dicho que…
Pianista, pianista... su miopía musical me preocupa.

Lo que no le debe hacer gracia a Dylan es el motivo del premio. Lo vino a decir en sus "Chronicles": odia que le consideren "un mito viviente", o "faro de una generación que tuvo el sueño de cambiar el mundo" y de hecho estuvo a punto de retirarse de la música por la presión que le produjo que mucha gente le considerase de esa manera.