Ser de izquierdas

Mi padre votará, de nuevo, por Izquierda Unida. Eso me ha dicho varias veces en los últimos días. Es algo muy curioso porque, en mi casa, la “rojez” se había saltado una generación. De mi abuela pasó a mí, sin tocar a mis viejos, que se declaraban conservadores al estilo anglosajón. Pero ahora, en este atribulado siglo XXI, han ejercido su derecho al voto optando por propuestas de izquierdas, sobre todo mi padre. Por lo tanto, y aunque a él no le haga demasiada gracia, podemos pensar que es de izquierdas.

Hay quien dice que de joven se puede ser de izquierdas porque es el tiempo de creer en utopías. Sin embargo, el caso de mi padre me ha abierto los ojos y me hace pensar que eso no es del todo exacto. Mi padre ha dejado de creer en la supremacía del mercado. Sus criterios morales se han relajado un poco. Sabe que los cuentos de la “eficacia”, de la “gestión”, de la “responsabilidad”, no son más que un escondite donde dejar a buen recaudo la vaciedad intelectual.

Mi tesis, apenas esbozada, es que la izquierda, el socialismo científico, su escala de valores, su mirada al mundo, no es para chavales con una visión superficial de las cosas. Es para los que saben que todo es una mierda, pero no se resignan.


Comentarios

Pianista ha dicho que…
Y el adolescente enfadado con el mundo que entiende el izquierdismo como un exabrupto contra todas las normas, es el peor amigo que podía echarse la izquierda.

Malditos anarquistas...