Mea culpa

Me molesta la unanimidad. Cuando todo el mundo está de acuerdo, se enciende una lucecita en mi cabeza que me avisa de que algo debe estar andando mal. Por supuesto, a veces es cierto y otras, tiendo a pensar que casi nunca, no lo es.

Cuando apareció en el mundo de la música el concepto de “piratería” rápidamente tomé una postura, que he mantenido invariable hasta hace pocos días. Supongo que interpretaba que no era una enfermedad sino un síntoma de una dolencia más seria, la del colapso de las compañías discográficas. No pude por menos que sentir simpatía ante esa circunstancia.

No es este texto un acto de arrepentimiento, a pesar del equívoco título que lo encabeza. Más bien es una corrección. Porque hay demasiada gente que opina lo mismo, que le parece muy bien la piratería y que dice cosas como “si los cd’s fueran más baratos, yo iría a la tienda a comprarlo en lugar de bajármelo de Internet”.

Bien, hasta ahí puedo estar de acuerdo.

Lo que ya no me parece tan bien son algunas de las cosas que hay más allá de ese análisis. Nada me resulta más aterrador que un Ipod plagado de canciones en formato mp3 y con la función random activada.

La música suena peor que hace 20, 30 años. Todavía tengo la cadena que pude comprarme en 1987. Era de las malillas y, hoy por hoy, es el aparato que mejor me funciona.

Me gusta curiosear por las tiendas de discos. Comprarme un long-play sólo por su portada. Esperar con excitación el próximo trabajo de mi artista favorito o conseguir una oscura referencia de un músico desconocido.

Amo el vinilo. Su sonido, su aspecto, su presentación.

Un Ipod con la función random activada es un adiós a lo descrito en los 3 últimos párrafos. Y es un hola a la unanimidad. Por eso cada vez hay más gente que está de acuerdo.

Yo no.

Adicción vinílica





Comentarios

Morsa ha dicho que…
Hace poco me he hecho con un tocadiscos de mi tía, año 1964, 100 euros de arreglo, aguja nueva por supuesto, y ver como se pone una y otra vez por si solo el revolution de la cara B ignorando a paul y al hey jude de la cara A,me provoca cosquilleos sólo parecidos a cuando vi a ray davies salir al escenario en la riviera (la morsa apoya el emule pero duerme a menos de 2 metros de su colección de vinilos)
Pianista ha dicho que…
Me la trae al pairo el vinilo, y no me preocupa la piratería. Pero es lamentable que la música haya dejado de significar nada.

Ya no implica nada que haya música sonando. Su función comunicativa no es más que una especie de guarnición mental, un puto zumbido que tapa el molesto ronroneo de los pensamientos.

Y voy a citar a Mamet, que lo dice mucho mejor que yo:

"Me ofende y me molesta la universal costumbre de hacer sonar música grabada en lugares donde el oyente no tiene escapatoria.
No veo ninguna necesidad de que los restauradores, comerciantes y capitanes de medios de transporte decidan llenar los momentos supuestamente no musicales de mi jornada con su idea del tema musical adecuado.
Prefiero oír los ruidos de la calle, el silencio general o el bonito ritmo de las conversaciones humanas a oír música en un restaurante. ¿Por qué han de prevalecer los gustos del «asesor» del restaurante sobre mi predilección por el silencio?
Prefiero los ruidos del gimnasio a las nefastas pulsaciones de la música disco, o como se llame eso que tocan ahora. No me gusta perder tiempo ponderando los derechos del restaurante contra los del cliente, que soy yo, cada vez que me planteo si debo pedir que quiten la música o que la bajen, o si es mejor que me marche. Me paso gran parte de la vida en restaurantes y en aviones. Es allí donde leo y donde escribo. Ambas actividades se ven gravemente obstaculizadas por la presencia de música grabada.
Se podría argumentar que se trata de un simple fondo musical, pero para mí no lo es.
Me gusta la música. Toco música, compongo música y cuando la oigo soy incapaz de desentenderme. La escucho contra mi voluntad, me distrae de mis pensamientos, de mi libro, de mi trabajo, y detesto la selección, la presencia y el arreglo de la música, y la arrogancia de los que me someten a ella. ¿Será posible que exista un tipo de personas incapaces de beber alcohol o masticar comida sin oír a Ella Fitz-gerald o a Billie Holiday, que existan viajeros que se sientan estafados si no oyen el Concierto de Brandenburgo cuando su avión aterriza, que cierta gente no pueda disfrutar de ir de compras sin By the Time 1 Get to Phoenix?
Sospecho que nadie disfruta con esa música. Que está ahí porque sí, y que la mayoría de la gente ni se da cuenta, o bien ha llegado a aceptar que se trata del acompañamiento sonoro ideal para las actividades mencionadas."