El Trozo Diurno

- En la redacción tengo una hoja Excel con los mejores sitios de tapas de Madrid. El sábado os venís el sueco y tú a la radio y nos vamos a probar todos los que podamos.

De esta manera, un amigo me propuso uno de esos planes inofensivos que devienen en tragicomedias casi sin saber cómo. El resultado fue un desastre de proporciones bíblicas que he dado en llamar El Trozo Diurno.

La primera cita fue con el sueco, a las 12.45, delante del Edificio de Correos, que ahora se llama Palacio de las Comunicaciones o algo así. Apareció una media hora después, pidiendo disculpas y explicando su retraso porque había amanecido en un lavabo, sólo unos minutos antes. La cosa prometía, era evidente.

La hoja Excel estaba un poco desfasada. El primer sitio que seleccionamos, tras arduas y complicadas negociaciones, no existía ya. Así que empezamos a improvisar. Primero entramos en una taberna donde nos tomamos a ritmo de record un par de dobles de cerveza. Y luego iniciamos el via crucis taperil propiamente dicho. Mi memoria sólo registra de la horquilla de tiempo que va desde las 15 horas a las 18,30 pequeñas polaroids: Croquetas con mucha fama que no estaban tan buenas, mejillones al vapor que provocaron división de opiniones, un rabo de toro espectacular, tabla de ibéricos correcta tirando a casi excelente y unas albóndigas estupendas. Todo ello bañado en birra.

Caía la tarde, aún había luz día, y todos teníamos la sensación que eran no las 7 de la tarde, sino las 7 de la mañana. Entramos en una cafetería, nos tomamos un capuchino con nata, nos pasamos al gin-tonic y nuestro tono de voz se elevó a niveles poco recomendables. Si hubiera sido un bar de copas nos habrían echado. No puedo estar más seguro.

Tengo un recuerdo difuso de lo que sucedió a continuación. ¿Fue en un bar taurino? No sé, el caso es que hablé de toros con mi amigo, que resultó ser primo de Luis Francisco Esplá, mi torero preferido. Puede que viéramos algo del partido del Barça, pero no podría jurarlo.

El final del Trozo Diurno fue digno de un Pedo de Adolescente. A las 10 de la noche me subí al metro en Callao porque debía coger el último autobús a Alpedrete, que sale a las 10 y media. Llegué justito, justito. Antes, una señora muy amable me recomendó friegas con vaselina para solucionar mi recurrente dolor de pies.

Milagrosamente, al día siguiente no tuve resaca.

Comentarios

Kankoat ha dicho que…
El edificio de Correos siempre había sido conocido como el Palacio de Comunicaciones. El drama es que Farardón lo va a convertir en su Pirámide-Ayuntamiento y ya no será nada de lo anterior.

Por lo demás, dos cosas:

1º lo de las friegas con vaselina le dará muchísima envidia a Pablo Gamo.

2º No todo está perdido en España. Aún quedan arrebatos de puro iberismo.
Camilo de Ory ha dicho que…
Puro iberismo y rock'n'roll, sí señor. Según cómo se mire, vienen a ser lo mismo.

Me quedo con las ganas de conocer la historia del sueco que despertó en un retrete.

Mi amigo C se cortó las venas el otro sábado en los retretes de un bar de moda y pose rockera: se lo tuvo que llevar el 061 y lo puso todo, retrete y bar, perdido de sangre.

Desde entonces no nos dejan entrar, lo cual demuestra que lo de ese bar ni es rock´n´roll ni es nada.
sueco ha dicho que…
Pues, yo tuve un de las peores resacas que recuerdo (claro que, extendí la jornada a la noche; había que celebrar San Patricio). Menos mal que no acabamos en Excálibur...
Vencido ha dicho que…
Yo creo que sí acabaste en el Excalibur, pero estoy seguro de que no te acuerdas.

Y sí, iberismo y R&R son casi sinónimos, estamos de acuerdo.