viernes, 30 de marzo de 2007

La despedida del "Tofo"

El miércoles pasado seguí con interés el partido de la selección. Como el amigo Kankoat yo dejé de seguir al combinado nacional cuando Suárez defenestró a Manolo en beneficio de Butragueño en Italia '90. Pero era el último partido como comentarista de José Angel de la Casa Toufiño, "Tofo" para los amigos, entre los que se cuenta mi padre. Sentía curiosidad por saber cómo iba a encarar su última restransmisión el propietario de la voz del fútbol, el tipo que ha narrado la mayoría de los partidos que he visto por la tele desde que tengo memoria.

El primer partido de fútbol que seguí gracias a la caja tonta fue el España-Yugoslavia de Belgrado, clasificatorio para el mundial de Argentina '78. Fue el del famoso botellazo a Juanito. Es curioso como el tiempo juega con la memoria. Recuerdo ese incidente en color, cuando lo tuve que ver en blanco y negro, dado que no tuvimos el Telefunken Palcolor K-12 hasta el 80. No recuerdo si el "Tofo" hizo ese partido. Mi padre dice que no, que ése lo hizo Joaquín Ramos, (al que tuve de profesor de improvisación hace 10 años). Parece ser que empezó a ser el comentarista en exclusiva de TVE en la Eurocopa del 80.

Desde esa época hasta bien entrados los 90, el "Tofo" hacía la inmensa mayoría de los partidos, ya fueran mundiales, partidos de liga o competiciones europeas. No había otro.

Todo el mundo se acuerda del 12-1 a Malta. Del gallo de José Ángel cuando Señor metió el último gol, el que clasificaba a España para la Eurocopa del 84, en la que hizo un gran papel. España llegó a la final, pero allí se encontró con el anfitrión, la mítica Francia de Platini. Pero me quedo con una impresión más general, la de su estilo, invariable en todo este tiempo. Plano, además de aburrido y, casi siempre, superficial e intrascendente. En los 80 y los 90 no podía soportarlo. Ahora, en la era del tiqui-taca, voy a echar de menos esa manera de hacer las cosas. De acuerdo, no era brillante, pero era humilde, entendía que el espectáculo no es el periodista, sino la noticia.

Una sensación como de haber ido hacia atrás me invadió mientras veía el España-Islandia. Todo, no sólo el estilo de los comentaristas televisivos de fútbol, me parece más prescindible que antes. ¿Será ésto la llegada tardía del pensamiento crítico? ¿La constatación de la decadencia sociopolítica en la que nos encontramos? ¿Nostalgia mal entregada?

Estas cosas pensaba yo a propósito de la despedida del "Tofo". Voy a tener que hacerme mirar mi tendencia a hacer abstracciones partiendo de trivialidades.



21 de diciembre de 1983, 12-1



lunes, 26 de marzo de 2007

Habitación con vistas (TV)

Se me ha ocurrido escribir esta entrada hace unas horas. Acababa de pasar el tren por la estación de Pitis y miré por la ventana. Lo primero que vi fue un carrito de golf, después unos individuos en un green. Uno de ellos se apoyaba en el putter y otro trataba de meter la bola. Al fondo, Madrid. Me dio sensación de paz. Después apareció ante mi mirada un conjunto de chabolas. Del carrito a las chabolas habían pasado menos de 5 segundos.

Tenía que haberme quedado de piedra ante la paradoja que se había presentado ante mis ojos. Fue rápido, inesperado, brusco. Pero también fue inofensivo. Después de todo yo estaba en el tren y eran los demás los que actuaban.

Más que una paradoja fue una metáfora. Una metáfora de la vida moderna.





martes, 20 de marzo de 2007

El Trozo Diurno

- En la redacción tengo una hoja Excel con los mejores sitios de tapas de Madrid. El sábado os venís el sueco y tú a la radio y nos vamos a probar todos los que podamos.

De esta manera, un amigo me propuso uno de esos planes inofensivos que devienen en tragicomedias casi sin saber cómo. El resultado fue un desastre de proporciones bíblicas que he dado en llamar El Trozo Diurno.

La primera cita fue con el sueco, a las 12.45, delante del Edificio de Correos, que ahora se llama Palacio de las Comunicaciones o algo así. Apareció una media hora después, pidiendo disculpas y explicando su retraso porque había amanecido en un lavabo, sólo unos minutos antes. La cosa prometía, era evidente.

La hoja Excel estaba un poco desfasada. El primer sitio que seleccionamos, tras arduas y complicadas negociaciones, no existía ya. Así que empezamos a improvisar. Primero entramos en una taberna donde nos tomamos a ritmo de record un par de dobles de cerveza. Y luego iniciamos el via crucis taperil propiamente dicho. Mi memoria sólo registra de la horquilla de tiempo que va desde las 15 horas a las 18,30 pequeñas polaroids: Croquetas con mucha fama que no estaban tan buenas, mejillones al vapor que provocaron división de opiniones, un rabo de toro espectacular, tabla de ibéricos correcta tirando a casi excelente y unas albóndigas estupendas. Todo ello bañado en birra.

Caía la tarde, aún había luz día, y todos teníamos la sensación que eran no las 7 de la tarde, sino las 7 de la mañana. Entramos en una cafetería, nos tomamos un capuchino con nata, nos pasamos al gin-tonic y nuestro tono de voz se elevó a niveles poco recomendables. Si hubiera sido un bar de copas nos habrían echado. No puedo estar más seguro.

Tengo un recuerdo difuso de lo que sucedió a continuación. ¿Fue en un bar taurino? No sé, el caso es que hablé de toros con mi amigo, que resultó ser primo de Luis Francisco Esplá, mi torero preferido. Puede que viéramos algo del partido del Barça, pero no podría jurarlo.

El final del Trozo Diurno fue digno de un Pedo de Adolescente. A las 10 de la noche me subí al metro en Callao porque debía coger el último autobús a Alpedrete, que sale a las 10 y media. Llegué justito, justito. Antes, una señora muy amable me recomendó friegas con vaselina para solucionar mi recurrente dolor de pies.

Milagrosamente, al día siguiente no tuve resaca.

viernes, 16 de marzo de 2007

Casa de juegos

Esta entrada está dedicada al Pianista,
al que le mola bastante este peliculón
.


El sábado del Clásico Barça-Madri$ quedé en casa de un amigo para jugar al poker. La última vez que lo hice fue a principios de los 90, en la cafetería de la antigua Facultad de Derecho de la Autónoma. En tan señalada ocasión perdí casi 10.000 calas en menos de media hora, gracias a una mano infernal de descubierto en la que me confié con un full aparentemente invencible. Me prometí a mi mismo no verme atrapado de nuevo entre las malignas redes del mus gringo.

Pero el sábado 10 de marzo de 2007 traicioné, una vez más, mis convicciones y me uní a la timba. Ayudó que sólo nos permitimos cambiar un máximo de 30 euros por persona. Aún así, cuando llevábamos 2 horas de partida ya iba perdiendo 27 euros y, lo más importante, no había ganado una sola mano en más de 80 minutos. Especialmente sangrante fue aquella en que ligué de mano un trío de ases que mató este individuo con un full que pilló tras un descarte de 4.

En esos momentos entendí cómo se gana al poker. No basta con jugar bien, da igual si eres conservador o arriesgado, si tienes muchas fichas o no tienes apenas. Para ganar al poker hay que tener suerte. Punto. Lo que distingue al buen jugador del mal jugador es la gestión que hace de esa suerte. Las variables de buena y mala suerte siempre tienden a 0. Por lo que hay que aprovechar los momentos afortunados y limitar los daños en las rachas desafortunadas.

Cuando sólo me quedaban 3 euros me dije a mí mismo: "La suerte va a cambiar, sólo tienes que estar vivo y preparado para cuando lo haga". Y lo hizo. Al final me levanté 11 euros, con los que pagué gustoso mis copas de la noche, copas con las que celebré, sobre todo, el tercer chicharro de Messi.


De acuerdo, no fue Las Vegas
pero me divertí un huevo



miércoles, 14 de marzo de 2007

Los periféricos

Dícese de aquellos periodistas musicales con pretensiones anclados a medios de comunicación marginales. Están en el mundo de la música y el periodismo para figurar, para sentir la agradable sensación de ser reconcocidos en la cola del pan. O para que El Artista, ese inmaduro emocional, les bese y les abrace porque un día les hizo una entrevista en la que estuvieron especialmente afortunados en hacerles la rosca.

Hay muchos periodistas de este corte en las redacciones de medios más o menos mayoritarios. Pero ninguno de ellos te saca la bandera de la independencia profesional como los periféricos. Éstos exhiben sus impolutas credenciales underground para conseguir una copa por la cara. Escriben mal, son pésimos locutores y jamás muestran el más mínimo rastro de auto crítica.

Metalkas utiliza esta palabra para definir al típico periodista especializado en metal y totalmente desafasado, que sólo ha sido capaz de estampar su firma en una revista cuyo nombre no conoce nadie. Pero hay más. Está el supuestamente versado en indie de radio más o menos libre que pontifica sobre Radiohead sin saber nada de la Velvet. O el que se erige en el gran gurú de la música piesnegrista/ecologista y conduce un todo terreno.

Son, al periodismo, el equivalente imperfecto de los subterráneos, ya glosados dos entradas ha. No los conoce nadie.

Realidad contrastada

En los últimos tiempos he tenido unas cuantas oportunidades de suscribir esta frase de Enrique Jardiel Poncela:

"Yo escribo para los inteligentes, pero no puedo evitar que algún tonto me lea"

Me imagino que yo también seré el tonto de alguien, pero no he podido evitar, precisamente ahora, recordar las palabras del maestro.

miércoles, 7 de marzo de 2007

Los subterráneos

Bargueño siempre pone el ejemplo de Pereza para definir a esos grupos que están en tierra de nadie, que no llegan a un público mayoritario y que carecen de prestigio o credibilidad. Hablamos de un sub-mundo sobre el que no se posa la mirada de casi nadie pero que es una cantera de lo que luego será superventas. David Demaría o Antonio Orozco, por ejemplo, vienen de ahí y Pereza están tratando de salir pero no lo terminan de conseguir. Como dice Ivar, guitarrista de Muletrain, son carne de Zona 40, una especie de feria itinerante de verano que recorre las playas de España con un cartel de artistas ignotos haciendo, sin rubor, play backs de canciones desconocidas.


Se encuentran en una extraña situación. Por un lado, no son famosos, no venden discos y nadie va a verlos. Se podría pensar que son gente comprometida con su propia música, que no concede nada y que por ello no obtienen el éxito. Sin embargo, son el juguete de algún A&R que se cree que sabe porque tiene 100 y pico discos en casa y uno de ellos es el de Wilco. No les tengáis lástima, no son víctimas. Su mentalidad es comercial, se piensan que son el siguiente número 1 de los 40 Principales. Casi todos se quedan en el camino.


Esta especie de underground del mainstream tiene sus propias reglas. Son obsequiosos con los periodistas, hablan todo el rato de sus sentimientos y muestran desdén por la música en inglés. Deben hablar maravillas de 40 Principales, todos eran amigos de Luqui, y se empeñan en componer sus propias canciones. Ellas parecen cajeras del Carrefour y ellos podrían pasar por estudiantes de empresariales con aspiraciones macarriles. Alguno puede tener talento, pero no honestidad artística. Y ninguno tiene preparación técnica, emocional, vital,…


Ahora, con el colapso de la industria del disco, los artistas de este tipo desaparecerán. Yo no los echaré de menos.


Premio para el que sepa quiénes son



lunes, 5 de marzo de 2007

Turismo y una teoría de la relatividad

Todos somos turistas muchas veces al día, es inevitable. Cuando uno llega a un sitio del que sólo tiene referencias, es un turista. No es malo, es así. El problema aparece cuando llegas a un sitio del que sólo tiene referencias y te vas con las mismas referencias con las que has llegado. Un turista de ida y vuelta, para entendernos.

Pasa mucho cuando viajamos a un país del tercer mundo que vive del turismo. Sólo vemos el hotel, la playa, alguna calle concurrida y poco más. Y pensamos que ese país es el paraíso, cuando en realidad es un infierno. Algunos se aventuran más allá de los límites turísticos y ven la realidad. Existen varias reacciones en ese momento, ya ninguna de turista, pero muy variadas.

Está el que se indigna y al que le parece ofensivo la mera existencia de enclaves de placer a unas decenas de metros de la miseria. También está el que piensa que ante tamaña injusticia hay que extraer alguna lección aplicable a la vida de uno. Normalmente, la conclusión, bienintencionada, que sacan esos individuos es que hay que relativizarlo todo. Lo podemos resumir en el siguiente axioma:

“Mis problemas palidecen al lado de los de esta gente”.

Sí, es cierto. Pero ese pensamiento es inútil, es decir, pisa los territorios de la frivolidad. Yo pienso que una caída del caballo de la magnitud de la que estamos tratando merece una reacción más contundente. En lugar de relativizarlo todo, en lugar de buscar una equidistancia cobarde y culposa, hay que hacer todo lo contrario. Hay buenos y hay malos. Hay injusticias. No en términos absolutos, pero sí en términos relativos. Suficiente para tomar partido.