Éste va a ser el año

España es un país de verbena, de fiesta patronal, de pandereta, de bocata de chorizo y orquesta de pueblo. En España da lo mismo quién esté encima del escenario, lo que le mola a la gente es "la marcha". Por lo tanto, vivimos en una tierra propicia para que el fenómeno del Festival Rock sea potente. A mí no me parece ni bien ni mal.

Desde mediados de los 90 la fiebre festivalera se ha ido extendiendo por la península. El año pasado, por motivos laborales, fui a 10 eventos de ese tipo. Grandes, pequeños, con prestigio, sin él, de todo tipo, vamos. Al principio del verano se olisqueaba un olor raro, como de mal augurio. Los promotores/organizadores se temían que había demasiada oferta y que alguno de los festivales iba a pinchar. Lo cierto es que no lo hizo ninguno, por lo menos de manera estrepitosa. Y la explicación tiene que ver con lo que yo he expuesto en el primer párrafo. "España quiere caña".

Hace unos días Matarile, la organizadora del Viña Rock, el festival de mayor asistencia de público de este país, anunció que abandonaba Villarrobledo y celebraba su edición 2007 en Benicassim. Al margen de lo oscuro de lo asunto, contratos que pueden no haberse resuelto, demandas insatisfechas por el alcalde de la bella localidad castellano-manchega, lo que más me llama la atención de todo este asunto es el cartel. Un porcentaje alto (90% como mínimo) está formado por grupos y/o solistas que ya han tocado en el Viña, pero no una sino varias veces. Por ejemplo, lo de Bebe repitiendo por tercera vez consecutiva es un misterio insondable para quien ésto escribe.

La conclusión a la que estoy llegando es que el fenómeno festivalero está apurando su último aliento. Me refiero, más bien, a ese rollo extremo de gente que suda, polvo por doquier, vino malo en botellas de Coca Cola de 2 litros y conciertos con un sonido infame. De éso se está cansando la peña. Y pasar por todo éso por ver por tercera vez consecutiva a la pedorra de Bebe no es plato de gusto. Por mucho que a la gente le vaya el cachondeo, todo tiene un límite.

Éste va a ser el año en el que la euforia festivalerística se va a apagar. Sobrevivirán los ya consolidados y algún otro, pero nada más. Lo único que me jode es que este año va a ser el primero desde 1998 en el que no voy a asistir a ningún festival, así que no voy a ser testigo del desastre. (Bueno, en realidad quizá me deje caer por el Primavera por aquello de ver a Wilco con disco recién estrenado)

Comentarios

Nando Rico ha dicho que…
Perodóname Vencido por discrepar contigo. España quiere caña, de rock especielmente. No importa si alguno grupos repiten en cartel, siempre y cuando a uno le gusten. Porque, desde luego, en el Viña -por ejemplo- se pueden escuchar y ver en directos a auténticas leyendas vivas del rock de nuestro país.

Y lo del sonido infame no me parece tal. Estoy de acuerdo en que hay muchos grupos que solamente hacen ruido, pero creo que no deberías olvidar que las letras -salvando excepciones, claro- tienen un mensaje que no contienen otros tipos de música, y sólo por ello ya tiene mérito. ¿O me vas a decir que las letras sexistas del reggaeton tienen algún contenido de mérito?.

Tenía ganas de leer un post como este, aunque opine distinto a tí. Enhorabuena por él y un saludo.
djflow ha dicho que…
Pues nada, el que quiera que disfrute por enésima vez de las "leyendas", del "mensaje", de la "caña" y del (buen) mal "rollo extremo". A mí me gusta más dejarme sorprender y disfrutar de cosas nuevas o inéditas para mí.

Así que yo casi que me apuntaré también a Wilco y las otras muchas buenas hierbas de ese Primavera (en el Forum, es una delicia, se puede ir en metro y encima tiene, una vez más, cartelazo; entre otras maravillas, esa "leyenda" llamada Patti Smith) e incluso me dejaré caer por el Summercase para deleitarme con ¡OMD! (entre otras bastantes cosas).

Y ya tengo dos buenas razones para no dejarme caer por Benicassim, mire usted...