lunes, 29 de enero de 2007

Bares


Soy feliz en los bares. Cierto es que no siempre ha sido así, pero en mi actual momento vital me siento bien con una copa en la mano, en un ambiente de poca luz y con una banda sonora que despliegue guitarras grabadas para sonar en un vinilo. Preferentemente, apoyado en la barra y estableciendo paralelismos entre la organización social de las hormigas y el organigrama tipo de una empresa privada cualesquiera. Es importante que sea la noche de un día laborable y que oiga voces agudas a mi alrededor.

En esa situación compruebo que lo de la lucidez del borracho es verdad. Mis músculos se relajan, mis ambiciones se difuminan y mis frustraciones se cogen unas horas libres. Sólo me preocupo de asegurarme de que la copa que me estoy bebiendo no sea la última. Ya sea porque aún tengo dinero o porque alguien me va a invitar.

Me gusta mucho "Lived in bars", una de las joyas de "The Greatest" (2006) de Cat Power, pero no estoy de acuerdo con el ambiente depresivo que describe. Me molesta la elección moral que clasifica un bar como un antro de perdición. No hay nada malo per se en ser un borracho.

NOTA: Me he pasado tres párrafos acumulando palabrejas por una sola razón. Y esa razón no es otra que poner una foto de Cat Power aka Chan Marshall.

Sí, ya sé, es lamentable. Y encima esta brillante idea no se me ha ocurrido en un bar.



She's the one

viernes, 26 de enero de 2007

A 4 puntos del líder

Ser del Atleti significa muchas cosas. Una de ellas es pensar en el mes de agosto que vamos a ganar la Liga, no importa qué equipo tengamos ni qué le digamos a los demás. En enero, casi siempre, nuestras esperanzas suelen haberse desvanecido por completo. Todavía miramos a cuántos puntos estamos del líder, todavía hacemos cuentas del tipo "si ganamos todo lo que queda somos campeones por un punto", pero ya sabemos que no hay nada que hacer.

Mañana, el Atleti juega contra el Racing el primer partido de la segunda vuelta. Hoy viernes 26 de enero de 2007 aún estamos a 4 puntos de la cabeza y tenemos permitido soñar. No recuerdo muchas situaciones parecidas.


El primer paso al doblete. Zaragoza 1996


Preparado

Es cierto que echo de menos esa época, confusa y emocionante, en la que todo lo que me pasaba parecía que iba a ser para siempre. La convención lingüística denomina tal periodo como "adolescencia". Lo que más hacía en aquellos años era obsesionarme. Un poco como me pasa ahora, pero sin dejar entrar al desencanto.

Era muy habitual que escuchara de manera compulsiva una canción durante semanas, a veces meses, ignorando todo lo demás. "Necesitaba" escuchar todos los días "I'm goin' down" de Springsteen o "The jack" de AC/DC, según me diera el viento. O incluso "Voyage, voyage" de Desireless, "Wonderful tonight" de Eric Clapton, "Entre dos aguas" de Paco de Lucía y muchas otras.

Ahora no me ocurre tanto, pero a veces alguna canción me coge por los huevos y no me suelta en varios días, a veces semanas. Suele ser un tema simple, con una melodía que me hace mover la cabeza de lado a lado y dibujar una sonrisa idiótica en mi cara. Tiene un estribillo de ésos que llamaba "ganadores" hace 10 años y que ahora llamo "épicos". La letra tiene que ser tristona, no triste, y la música alegre. O más bien optimista. Si tiene un arreglo de cuerda horterilla, además de una guitarra leve y puntiaguda que dibuje un riff perfecto, ya no puedo pedir más.

Todos estos elementos los tiene un single de Camera Obscura que lleva ya varios meses rulando. "Lloyd, I'm ready to be heartbroken" es esa canción. Sólo hoy la he escuchado 5 veces, casi seguidas. Así las cosas, la referencia a otra canción mítica, "Are you ready to be heartbroken", no es más que una anécdota divertida para mí.


Preparado para que mi corazón se rompa

miércoles, 24 de enero de 2007

El vídeo no mató a la estrella de la radio

La televisión es un medio del siglo XX. Fue muy importante a partir de los años 50 y conoció su máximo esplendor un par de décadas después. Pero hoy en día ya nadie ve la tele. Se tiene encendida y se le echa un vistazo de vez en cuando, pero no prestamos demasiada atención. Las excepciones a esta regla general son formatos que pueden ser trasplantados a otro medio, como el deporte, el cine, las series de ficción o los telediarios. Lo más esencialmente televisivo se consume sin pensar, dejando el cerebro en piloto automático. Reality-shows, concursos presentados por Sobera y ese tipo de basura pueblan las parrillas de las cadenas generalistas y se llevan el mayor pico en las audiencias. No buscamos en la tele otra cosa que banal (y necesario) entretenimiento. Ésa, y no otra, es la razón por la que en la tele un reportaje de más de 3 minutos sea un "coñazo" y que un buen montador y un buen grafista pueden llegar a ser más importantes que un redactor o, incluso, un realizador.

La televisión ya no influye, ya no prescribe. Estamos más dispuestos a dejarnos convencer por otros medios. Ya sea modernos, el "Internecio", o antiquísimos, como la radio.

En España, la radio empezó a cobrar importancia de nuevo en los años 80. A pesar de que no han conocido una verdadera evolución, las grandes emisoras conservan su capacidad para ejercer un papel activo en la formación de la opinión pública. La polarización de la política española de estos últimos años no se puede entender sin algunos programas de la COPE.

La cualidad que permite que la radio sobreviva a la tele es la simplicidad. La radio es voz, silencio, ruido y música. Si quieres que alguien te escuche cuando haces radio tienes que decir algo, no basta con que un grafista haya hecho una cabecera espectacular o que repitas hasta la náusea los mismos contenidos.

Los Buggles no tenían razón. El vídeo no mató a la estrella de la radio. Lo audiovisual sobrevivirá, pero fuera de lo que hoy conocemos como "televisión". Nadie usa el vídeo ya. La radio se escucha por Internet. "Video kill the radio star" es un temazo, pero fue el único éxito de los Buggles. Hasta en ese detalle vemos lo volátil que fue el fenómeno que describían.


Un objeto de museo

Culto a la ignorancia

Ahora mismo estoy escuchando a un famoso locutor radiofónico. Entrevista a un catedrático de Derecho Civil acerca del circo a cuenta de las elecciones a presidente del Madri$. Este famoso locutor radiofónico hace referencias constantes a que quiere "descodificar" la conversación. Sin embargo, el insigne jurista está hablando en español, así que no sé muy bien qué tiene que traducir este famoso locutor radiofónico. Y, además, le acaba de llamar "magistrado". Este famoso locutor radiofónico, al que escuchan más de un millón y medio de personas todas las noches, hace gala de su escasa formación cultural. Debe entender que si todos nos igualamos por abajo, él puede sobrevivir.

Por la mañana, otro famoso locutor radiofónico ha confundido "Everybody wants to rule the world" de Tears for Fears con "Everybody's got to learn sometimes" de The Korgis. Un grupo infecto de seudo reggae ha hecho una infame versión del segundo tema y este famoso locutor radiofónico la ha pinchado, diciendo que era una versión del primero. El sujeto del que estoy hablando es el tío más influyente del universo "indie" en España. No es una forma de hablar, hay datos que sugieren que si pone un disco en su espacio de radio, a la semana siguiente sube sus ventas.

Son dos ejemplos al azar que demuestran que hoy en día ser un ignorante es una ventaja. Exactamente igual que en la Hispania Visigoda.

sábado, 20 de enero de 2007

Menú para una mañana de resaquita

No es que ayer saliera. Fui a cenar a casa de una amiga y bebí cerveza con generosidad. Nada del otro mundo, pero el despertar me ha obsequiado con una resaca tipo resaquita. Cabeza pesada, cada dos por tres una visita al servicio a mear y cierta lentitud de movimientos. He combatido esta desazón con la escucha de "Clouds" (1969), de Joni Mitchell. Un disco agradable y bonito, ideal como primer plato de la mañana.



De segundo, he pedido un par de raciones de "Spirit" (2006), el primer larga duración del quinteto norteamericano Apse. Oscuro y enigmático. Mi resaca tipo resaquita subió de grado para convertirse en tipo resaquita +. Un daño colateral que he ignorado olímpicamente.



He seleccionado de postre el vinilo de "Around the world in a day"(1985), de Prince. Para bajar un poco lo de Apse y para dibujar una sonrisa en mi cara.

miércoles, 17 de enero de 2007

¿Por qué?

Me gustaría saberlo, de verdad, porque no lo entiendo.

Algunas de las mejores canciones pop de la historia están firmadas por Lou Reed. Los pequeños artefactos diseñados para que Nico se luciese en el primer disco de la Velvet son expresiones de un ideal, algo que rara vez sucede en el campo de la creación. Ya sólo por éso, Lewis Allan Reed se reservó una finca en el olimpo de los paridores de melodías pluscuamperfectas.

Hace un par de días escuché en la radio una versión de "Who loves the sun?". La hacía una chica sueca, o noruega o danesa, no estoy seguro. Ponía vocecita de niña y se dejaba mecer por el arrullo de las notas que un día escribiera Lou Reed para el último álbum de la Velvet Underground, el extraordinario "Loaded" (1970). Al llegar a mi casa me puse ese disco entero porque me entraron una ganas irrefrenables de escuchar "Who loves the sun?". Después vienen "Rock and roll", "New age", "I found a reason" y, por supuesto, "Sweet Jane". Porcelanas pop de primera categoría, sencillas y evocadoras. De nuevo, expresiones de un ideal, el del pop a secas, sin estridencias. Agonizaba "Oh! sweet nuthin'", el último corte de "Loaded", y me empecé a lamentar amargamente del hecho de que Lou Reed no ha vuelto a escribir una canción de ese tipo desde hace muchos, muchos años. Lo cual me frustra, sobre todo porque no doy con una explicación coherente. Si alguien tiene respuestas que iluminen, siquiera parcialmente, este misterio agradecería que me las hiciera llegar.

¿Quién ama al sol?

viernes, 12 de enero de 2007

De toros

La siguiente historia me la contaron hace un año o así. No sé si es verdad pero, en cualquier caso, estoy más que dispuesto a creérmela.

Un productor televisivo había sido en su mocedad, primeros años 90, conductor de la cuadrilla de un joven maestro. Este joven maestro nunca llegó a nada, pero tuvo alguna temporada decente en sus primeros años de matador e hizo una faena mayestática en Las Ventas allá por el 95 o así. Recuerdo un momento de esos llamados cumbres de aquel día. Citó al toro de lejos y lo embarcó con una serie de naturales profundos y conmovedores. Después de ejecutar la suerte suprema, rompió a llorar ante las cámaras de televisión. Sabía que jamás iba a torear así. No se equivocaba.

Unos años antes, el joven maestro trataba de hacerse un nombre en el mundillo. Lo tenía fácil, o quizá muy difícil, porque era un torero de dinastía, es decir, su padre había sido una figura del toreo. Este productor televisivo compartió una temporada con él, la del 93. Ese año, cuando fueron a torear a Bilbao pasó lo siguiente.

El joven maestro quiso salir la noche antes de la corrida. Las rayas de farlopa corrieron de lo lindo aquella velada, proporcionadas por mi amigo, el productor. A las 6 de la mañana, en una discoteca, el joven maestro se desmelenó. Empezó a insultar y a encararse con todo el mundo. La gente de la cuadrilla trató de calmarle y él les mandó a la mierda. Como no era la primera vez que pasaba, optaron por volver al hotel y dejar ahí, solo ante el peligro, al joven maestro.

Se acercaba la hora de la corrida y no sabían nada del joven maestro. Preguntaron en recepción y les dijeron que hacía un par de horas que le habían visto entrar con un par de chicas muy maquilladas. Eran las 3 de la tarde y la corrida estaba prevista para las 6. Con mucho miedo fueron a su habitación a buscarlo y se cruzaron con las dos chicas muy maquilladas. Ellas cerraron la puerta de la suite cagándose en la madre del joven maestro.

Lo vistieron y se lo llevaron para la plaza. Era evidente para todo el mundo que el joven maestro estaba empalmando noche y día. Por fin salió su toro y el joven maestro lo recibió de capa de manera atropellada. Luego, en el caballo, el joven maestro se "ausentó" de la lidia. Caminaba despacio y con aspecto de estar desorientado. Llegó el tercio de muerte y el joven maestro cogió la muleta. No podía apenas moverse así que le muleteó sin enmendarse, sin perderle pasos y sin poder hacer ninguno de los trucos ventajistas que el toreo moderno ha incorporado. En algunos momentos cerró los ojos porque se estaba durmiendo de pie. Al entrar a matar, no pudo efectuar el volapié debido a su estado físico y debió hacer la suerte recibiendo, algo más meritorio y puro. Cortó las dos orejas. Durante la vuelta al ruedo, el joven maestro repetía sin cesar: "¿Lo véis?, soy el número uno". Al mismo tiempo acababa con todas las botas de vino que le lanzaban desde los tendidos.

Al día siguiente el joven maestro toreaba en Almería. En lugar de viajar en la furgoneta con la cuadrilla, optó por coger un avión.

A eso de las 9 de la mañana mi amigo y los demás salieron para el sur. Uno de ellos cogió el periódico y vio en la portada una foto del joven maestro durante su faena triunfal del día anterior. Tenía los ojos cerrados y el toro pasaba a su lado. El texto subrayaba: "El joven maestro, en extásis".

Entonces, el mozo de espadas exclamó:

"¡Qué hijo de puta!"

lunes, 8 de enero de 2007

Franz Ferdinand vs. Bisbal

Tengo la casi completa seguridad de que la industria española del disco se engaña a sí misma. Y cuando digo "industria" me refiero a esa amalgama de disqueros, periodistas, músicos, promotores, etc,... de ésos que viven de que la gente se compre CD's. Existen varias mentiras que nos creemos por ignorancia, miedo o simple estupidez y con las que trabajamos día a día, año a año, década a década.

La más grande es que el público es gilipollas y no tiene ni puta idea. Miramos las cifras de los discos más vendidos y vemos que Bisbal vendió de cada uno de sus dos primeros discos un millón de copias. Y que, aquí en España, Franz Ferdinand no han llegado a las 100.000 con sus dos trabajos publicados hasta la fecha. La deducción más clara es que Bisbal gusta más en este país que Franz Ferdinand. Es verdad, pero es una verdad a medias. O sea, una verdad que trabaja para las hordas de la mentira.

Si nos ponemos en una calle céntrica de una capital española, pongamos la calle Preciados de Madrid, y le preguntamos a la gente qué artista le gusta, no debería haber sorpresas. Según las cifras recopiladas en el párrafo anterior, todo el mundo nos dirá que Bisbal es el mejor, y algún enteradillo proclamará que le mola mucho un grupo escocés que se llama Franz Ferdinand. Pues no, no es así.

Yo me he visto obligado, por trabajo, a hacer eso mismo y los resultados que he obtenido han sido muy distintos. Nadie dijo una palabra amable de Bisbal y de Alejandro Sanz, nadie. A muchos les gustaban Franz Ferdinand, Violadores del Verso, La Excepción, Antony o los Kaiser Chiefs.

Para mí, está claro. La gente compra mayoritariamente el disco de Bisbal, pero más como objeto de mero consumo que otra cosa. ¿Cuántos de los que tienen esos discos en casa se los ponen de vez en cuando? No muchos, creo.

Al terminar la encuesta de Preciados uno de los miembros del equipo me dijo que le flipaban Franz Ferdinand. Alguien de la industria preguntó, irónico, que cuántos de los que manifiestan que Franz Ferdinand es de su agrado tienen los discos en casa. El compañero del equipo, que no está en la industria, le dijo que él tenía todo de Franz Ferdinand, incluso los singles. Y añadió algo más, añadió que los había descubierto tonteando en una tienda de discos en Londres. Al de la industria y a mí se nos cayó la cara de vergüenza. A lo mejor, si pincháramos/promocionáramos las cosas en las que creemos, un chaval madrileño no tendría que irse a Londres a escuchar el "Do you want to".

He puesto este ejemplo porque los Franz Ferdinand son en UK puritito "mainstream" y en los años 80 hubieran sido varias veces número 1 de los 40 Principales con toda seguridad. No digo que haya que intentar que a todo el mundo le guste Damien Jurado, pero, ¿por qué no apostar por propuestas comerciales no insultantes para con la materia gris del público mayoritario?

jueves, 4 de enero de 2007

Bigote

Sí, me he dejado bigote.

Pronto me crecerá la barba y volveré a mi imagen greco-latina, inspirada en el emperador Adriano. Pero estos primeros días de 2007 estoy disfrutando de no reconocer en el espejo al mismo tipo de siempre. Supongo que ahora debería decir que mutar mi aspecto exterior está haciendo lo propio con mi personalidad. Sería una burda mentira.

Sin embargo, sí que voy a contar que el hecho de dejarme bigote me ha cambiado un poco, aunque no sea verdad. Que está siendo como haberme convertido en una especie de vencido victorioso. Además, para dar un poco de color a mi comentario explicaré alguna anécdota histórica. La mejor colocada es la de Franco, que se afeitó el bigote para no ser reconocido en las primeras horas de la guerra civil, cuando subió al Dragon Rapide. No tiene mucho que ver con mi bigote, pero creo que ha quedado más o menos bien.

Entiendo que no sería muy complicado seguir amontonando payasadas de este tipo. Sin embargo, por mucho que lo intentara jamás lograría el verdadero propósito de esta entrada, que es responder a la siguiente pregunta:

¿POR QUÉ COÑO ME HE DEJADO UN FASCIO BIGOTE A LO AZNAR?

martes, 2 de enero de 2007

Cultura de VIPS

Me he dado cuenta de algo inquietante. Ya lo sabía, de alguna manera ya lo sabía, pero no había dado con la forma adecuada para expresarlo.

Vivimos en una sociedad casi ágrafa, cuyo pensamiento es simple y lineal, basada en lugares comunes y en ideas precocinadas por un chef ajeno a nosotros. Para mí, esa es la razón última de que todavía existan religiones, por ejemplo. O de que aún haya machismo o xenofobia.

Ese tipo de filosofía no precisa de sesudos libros, de solemnes manifiestos, de complejas monografías, para mostrar sus paredes maestras. Basta con una revista infestada de fotitos. El otro día estuve en el VIPS de Plaza de España cacharreando con algunas de esas revistas por espacio de 5 minutos. En ese lapso de tiempo leí una entrevista con La Mala, una crítica de un disco de Magnolia Electric Co., un reportaje sobre la asombrosa recuperación de Eto'o, un artículo sobre las reacciones al atentado de ETA y le eché un ojo al Playboy (aunque aquí si que no leí nada). Es decir, tardé menos que lo que espero para coger el metro.

No estoy diciendo que no podamos reducir al esquematismo las ideas más complejas, los hechos más polémicos. Sí, es lícito y hasta necesario, a efectos prácticos. Pero no nos podemos quedar delante de la balda de revistas de un VIPS. En muchas ocasiones es necesario seguir la búsqueda por otros caminos más largos y tortuosos, si queremos empezar a comprender alguna cosa.