martes, 31 de octubre de 2006

Vuelta a la partitura

Uno de los efectos colaterales de mi actual estado laboral es la presente idiosincrasia del negocio al que me dedico. Ya no se venden tantos discos como antes. Y esto no es cíclico, es crónico, se acaba una manera de entender el negocio y eso traerá como consecuencia un cambio. Las características de ese cambio no están claras y por eso las empresas se han vuelto miedosas y no apuestan por nada, aún menos que hace 10 años y muchísimo menos que hace 30 años.

Estoy seguro de que hay alguien que ya sabe qué va a ocurrir pero yo no le conozco. ¿Nuestros aparatos reproductores tradicionales serán sustituidos por un solo artilugio en el que volcaremos todas las canciones que nos bajemos de Internet? ¿Desaparecerán las compañías discográficas y su sistema de A&R's? ¿Pasará a mejor vida la figura del periodista? Son preguntas que no soy capaz de responder.

Sólo hay un aspecto sobre el que me atrevo a hacer una predicción. En vida de, pongamos, Beethoven no se podía registrar música de ninguna manera. Los aficionados tenían que conformarse con coleccionar partituras de sus piezas favoritas. No sé muy bien qué harían con ellas, me imagino que tratarían de reproducirlas de alguna manera o las leerían como si fueran novelas. De existir una compañía discográfica a principios del siglo XIX vendería partituras, no discos.

No sé cómo consumiremos música en el futuro. Es muy posible que no dispongamos de un soporte como un CD o un vinilo para ello. Asimismo, es probable que todavía queden personas que necesiten algo más que un ipod con 6.000 canciones. Esos melómanos del futuro usarán lo que vayan a usar como los melómanos del pasado usaban las partituras.

Estoy seguro de que yo seré uno de ellos.

lunes, 30 de octubre de 2006

Sin paños calientes

La rusita que sirve café en el bar de la esquina hizo de puta en Moscú. Su sonrisa es franca, pero tan falsa que parece cierta. Tengo claro que me desprecia, que no me perdona mi escasa generosidad con las propinas ni mi impostada amabilidad. Seguro que se pregunta por qué vengo todos los días a la misma hora, me tomo un cafelito, leo el periódico y me voy.

A mí me gusta que sea la rusita quien me atienda. Es eficaz, no se hace la simpática y no me pone el café antes de pedirlo.

viernes, 27 de octubre de 2006

Gente maja

Lo que cambia la cosa de una semana a otra. El jueves 19 de octubre estuve viendo a Springsteen en Las Ventas. Ayer di con mis huesos en un local de alta alcurnia pijeril ochentera que lleva por nombre LaSal, sito en la calle Guzmán el Bueno. El motivo era un concierto de un grupo infecto que un amigo organizaba. Prometió barra libre, que fue administrando a través de vales de consumiciones, y esa fue la razón última (bueno, en realidad la primera, qué coño, la única) por la que asisti a tan magno evento.

Puede que en los lejanos años 80 fuera alguna vez a LaSal. Tengo un recuerdo difuso de un local parecido en el que estuve en un par de oportunidades. La fauna y flora que nos encontramos nos hizo analizar el biotopo "niña pija madrileña". Entre Cacique y Cacique llegamos a alguna conclusión, por la vía empírica, ligeramente sorpesiva. La "niña pija madrileña" apenas ha evolucionado. Muchas de las que juraban por Snoopy son ahora respetables amas de casa con la misma escala de valores de entonces y los mismos códigos de comportamiento. Las de ahora, las hermanas menores o sobrinas de aquellas, ya no juran por Snoopy (creo). Debe ser ésa su única diferencia con sus antecesoras porque en todo lo demás no existe disonancia alguna. La "niña pija madrileña" es fea, idiota, clasista, monjil, pasivo-agresiva y, lo peor de todo, vulgar de cojones. Pero de cojones.

Una vez efectuado este razonamiento, alzamos nuestras copas por las divas de extrarradio, las cajeras del DIA, las macarras,... La noche siguió avanzando, las botellas fueron vaciándose y yo, una vez más, hube de gritarle al mundo que Miles Davis ha sido el más grande.

Pasaron muchas más cosas. Djflow quedó en dar también su punto de vista.

jueves, 26 de octubre de 2006

Defensa de Borges

El otro día terminé de leer "Los dos Borges", una atípica biografía de Jorge Luis Borges escrita por Volodia Teitelboim que me regaló hace más de dos años una buena amiga. Aproveché para regresar a alguno de los cuentos borgeanos que más me gustan y que tenía muy olvidados. Y de paso para corregir mi opinión sobre el escritor porteño.

La crítica canónica suele distinguir entre la poesía y la prosa de Borges. Muchos salvan de la quema la poesía de juventud ("Fervor de Buenos Aires") y condenan sus cuentos por ser ejercicios de estilo sin corazón ni alma. A menudo, también se ataca a Borges por apoyar, en un primer momento, a la sanguinaria Junta Militar Argentina.

La monografía de Teitelboim se aleja de esos planteamientos maniqueos y trata de ofrecer un análisis más certero de la vida y obra de Borges. Se rinde a la evidencia del poder literario que revelan "Los teólogos", "El Zahir", "El Aleph" o "Funes el memorioso". Trata de disculpar su notoria incoherencia política, aunque quizá la confunda con sinceridad. (Yo no lo sabía pero Borges fue comunista, irigoyenista, furibundo antinazi, opositor a Perón, conservador, arrepentido sustentador de Pinochet y Videla y finalmente, una suerte de ácrata burgués). Se esfuerza por explicar, sin deslizar juicio alguno, el contexto de su vida. Y distingue entre el Borges público, el que escribe y el que salta al ruedo de los mass media, y el Borges físico, un enigma no tan difícil de resolver.

Para mí, Borges es una especie de superhéroe de la literatura. A través de un humor casi nunca entendido dice más cosas de las que parece. Es verdad que muchos de sus cuentos son delicadas piezas de orfebrería compuestas por citas falsas, universos invisibles y gusto por lo exótico desde una perspectiva eurocentrista. Es verdad que parecen traslucir un sonoro desprecio por la realidad, por la peripecia ajena (e incluso la propia). Pero no es menos cierto que la historia del zahir es muy reveladora acerca de los miedos del hombre del siglo XX o que "Los Teólogos" es una defensa elegante de la tolerancia.

Además, su faceta de showman literario de sus últimos años, con sus citas ingeniosas, sus apariciones públicas, sus entrevistas, lo convierten en el más moderno de los escritores del siglo XX. Él mismo se convirtió en su obra.

Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986. En México se desarrollaba el Mundial de fútbol, que terminaría ganando Argentina. Al conocerse la noticia del fallecimiento, una persona anónima declaraba en una radio de Buenos Aires que Borges era "el Maradona de los versos".

8 días después Maradona metía el mejor gol de la historia.

Borges odiaba el fútbol.

sábado, 21 de octubre de 2006

El dinero que no tengo (II)

Hace una decena de días me quise comprar el último disco de Black Heart Procession. No lo encontré, pero en su lugar adquirí tres álbumes que han terminado gustándome bastante. Uno de ellos es "Incredible love", del ex-Come Chris Brokaw, que ha resultado ser menos ruidista y más clásico de lo que suponía que era. Aún no lo he analizado conciezudamente, pero estoy en condiciones de declarar que es de lo mejor de los últimos tiempos. Destaca especialmente la canción que casi da título al disco, "I remember", cuya versión original se encuentra en la opera prima de Suicide.

No lo he sabido hasta ayer, pero "Incredible love" y, más concretamente, "I remember", constituían un augurio rebuscado y preciso que aseguraba mi asistencia al concierto de Bruce Springsteen en Las Ventas.

Retrocedamos algo más de 3 años. Estamos en el primer domingo del mes de agosto de 2003. Suicide están tocando en una de las carpas del FIB. Los indies de palo no han entendido nada y el concierto se ha ido vaciando de gente poco a poco. Gracias a eso he llegado a la primera fila, a la valla, y puedo ver con toda claridad el rostro de Alan Vega mientras proclama furiosamente una consigna que ha repetido con insistencia a lo largo de todo el concierto: "Stay alive, man".

Volvamos ahora al jueves 18 de octubre de 2006. La tarde caía sobre Madrid y la realidad hacía algo análogo con mi ánimo. De manera inexplicable, decidí que si no intentaba ir al concierto, me convertiría en el mayor farsante sobre la tierra.

A la mañana siguiente, mientras recordaba la heterodoxa reinterpretación que Springsteen hace en esta gira de "Bobby Jean", otro dato apareció en mi cabeza. Sólo unos meses antes, leí que la parte americana del Devils & Dust Tour se cerraba con un tema del segundo largo de Suicide, "Dream baby dream". Una improbable conexión se había producido entre Chris Brokaw, el aliento vitalista de Suicide y el protorock que Bruce practica con la Seeger Sessions Band. Empecé entonces a vislumbrar tímidamente por qué me había gastado el dinero que no tengo en ver en vivo por quinta vez al autor de "Rosalita".

Suicide callejeando por NYC circa 1978

viernes, 20 de octubre de 2006

El dinero que no tengo (I)

Djflow no se lo va a creer.

El más optimista de los pronósticos no me colocaba ayer entre el público asistente al concierto de Bruce Springsteen en la Plaza de Toros de Las Ventas. A las 6 de la tarde, 3 horas y media antes de comenzar el evento, yo estaba en la otra punta de Madrid, sin posibilidad ni ganas de intentar conseguir una entrada o un pase.

Cuando se pusieron las entradas a la venta, allá por el mes de julio, yo todavía estaba en IPOP. Para acreditarse había que pagar y recuerdo tener una concersación con Djflow en la que concluimos que lo mejor era quedarse a la espera. Es decir, arrojábamos la toalla a la espera de un milagro.

El martes un amigo mandó un correo en el que nos ofrecía a los colegas unas entradas por 70 y pico euros. Dije que no.

Ayer, por la mañana, otro amigo me llamó dos veces para decirme que los reventas estaban bajando el precio y que me conseguía una por 60 euros. Dije que no.

Después de comer, a eso de las 5 y media, un amigo distinto a los dos anteriores me llamó para decirme que había salido de su casa con 38 y medio de fiebre para comprar una entrada por 55 euros y que la cosa seguía bajando. Dije que no.

40 minutos más tarde era yo quien marcaba en número del último de los amigos que contactó conmigo y le dije que sí. Me consiguió una entrada de 64 euros a 50.

Mañana, la segunda parte.

jueves, 19 de octubre de 2006

Los mitos de nuestro tiempo (II). La Violencia

El siglo XX ha sido, de largo, el más violento de la historia de la humanidad. Antes de esa centuria las guerras no eran tan salvajes como lo son ahora. En el pasado morían más militares que civiles, en el presente esa ecuación ha cambiado de polaridad. El terrorismo tampoco existía. Las guerras de guerrillas, su antecedente inmediato, no buscaban causar bajas de manera indiscriminada, característica más acusada del terrorismo moderno.

No sorprende, por lo tanto, el hecho de que también surgiera en la sociedad civil mundial una corriente de opinión pacifista. Ante los desastres de la violencia, que se vuelve completamente ciega desde la Gran Guerra, la I Guerra Mundial, no hay más remedio que buscar consuelo en una postura ética que, presumiblemente, dotaría a la humanidad de recursos para resolver sus diferencias sin pegarse. En todo el planeta, la inmensa mayoría de personas desdeña de manera terminante la violencia y todos sus derivados. La realidad, sin embargo, es un poco más compleja.

Mi tesis es que no condenamos la violencia. Mi tesis es que condenamos la violencia que ejercen sobre nosotros y/o los nuestros. Cuando somos nosotros y/o los nuestros los que nos comportamos violentamente la cosa cambia de manera sensible. Buscamos causas, que son justificaciones, o tendemos a relativizar, que en este caso es una manera elegante de ser miserables. De tal manera que privamos de razón al que es violento mientras sea ajeno y no buscamos causas ni relativizamos.

Ejemplos hay a patadas, pero no considero sano exponerlos aquí porque desviaría la atención sobre lo que quiero decir. Y, seguramente, caería en la trampa de la que estoy tratando de huir.

lunes, 16 de octubre de 2006

Mi década de los 80

Yo no fui al Rock-ola. Ni estuve en el homenaje a Canito. Mi único recuerdo de primera mano de "La edad de oro" es el escándalo de Las Vulpes. Nunca leí "La Luna". Mis ídolos musicales eran Miguel Ríos y AC/DC. Cuando tenía 16 años aventuré que nadie se iba a acordar de Alaska en cuanto pasara lo que los cursis llaman hype. La primera película que ví de Almodóvar fue "Mujeres al borde de un ataque de nervios" y no me hizo gracia. Mi único contacto con Ceesepe ha sido el poster que tenían puesto en el Taxi, el garito al que iba a jugar al billar del 87 al 89. Me enteré de quién era Alberto García-Alix bien entrados los 90. La muerte de Tierno me pilló comiendo en una de esas hamburguserías caseras que el duopolio McDonald's-Burger King arrancó de Madrid. Lo que quiero decir con todo ésto es que yo supe qué era la movida mucho después de que terminara.

Durante un tiempo, me causó cierta vergüenza que uno de los acontecimientos culturales más publicitados de los últimos tiempos pasara, literalmente, por delante de mi casa sin que yo me diera cuenta. Sí, era un chaval, casi un niño, pero me daba la sensación de que éso no era excusa suficiente.

En este 2006 por fin he comprendido que los 80 en Madrid no es sólo la movida. Lejos de mí la tentación de menospreciar, siquiera juzgar, aquel movimiento. Sólo quiero dejar constancia de que hubo otras cosas que no tuvieron nada que ver con ese ruido.

Lo que mi memoria registra de manera recurrente del Foro del 80 al 86 es algo aparentemente baladí: El color blanco de la luz de las farolas. Cuando fue sustituido por el actual ¿amarillo? la ciudad cambió por completo. Desaparecieron, como por arte de magia, de la noche a la mañana, muchas sombras y no pocos contrastes de luz. Nada volvió a ser como antes. También recuerdo jugar al fútbol sobre un asfalto que se fundía los veranos, los descampados que ahora son edificios, el gol de Maceda, los camellos del Parque del Roto, los pantalones de pitillo, Petrovic masacrando a Del Corral, escuchar "True" por la radio, el Jácara, los Vespinos, el Sabina, la irrupción de Gil, el videoclub de Príncipe de Vergara, la sala de máquinas La Boutique del Automático,...

No, no tiene mucho que ver con la movida. Sin embargo, eso ocurrió en Madrid y en los 80. Más importante aún, me pasó a mí. Es a lo que me refiero cuando hablo de aquella década.

sábado, 14 de octubre de 2006

Mi top 5 de canciones de artistas que la gente no se cree que me gusten

1. Phil Collins - One more night
2. Toto - Africa
3. Reba McEntire - For my broken heart
4. Miguel Ríos - Bienvenidos
5. Hanson - If only

Sí, coño, me gustan de verdad. Se me puede acusar de ser un hortera pero no un snob.

Tiempos heroicos

jueves, 12 de octubre de 2006

Lo siento, no me lo trago

No es la primera vez que una banda de rock se convierte a la causa de la electrónica y/o del baile. Lustrosos ejemplos hay en la historia de grupos que se dejaron seducir por las máquinas. Primal Scream son los primeros que se me vienen a la cabeza pero hay muchos más. Por lo tanto, lo que han hecho Dover con su "Follow the city lights" no tiene nada de extraordinario. Tampoco nada de malo, la verdad.

En el 99, el cuarteto madrileño publicaba "Late at night", su primer disco para una compañía multinacional después del inesperado éxito de "Devil came to me" un par de veranos antes. El single de anticipo era "Dj", una canción en la que se cuestionaba la seriedad artística de los dj's, estirpe que empezaba a alcanzar el status superestelar que aún mantiene. La letra no es muy clara al respecto, pero sí lo es el clip.

Años mas tarde, en un encuentro digital con motivo de la salida al mercado de su excelente "The flame", los miembros del grupo descartan por completo dejarse influir por la electrónica. Aducen que no les interesa lo más mínimo ese estilo.

7 años después Dover reviste de pregrabados y secuenciaciones su sonido, desdiciéndose de su pasado. Esto tampoco es, per se, negativo. Sólo es sospechoso. Si a eso añadimos que sus ventas iban declinando al igual que su popularidad, a lo mejor podemos empezar a ver en su muda de estilo un intento de recuperar vigencia comercial. No es descabellado pensarlo.

martes, 10 de octubre de 2006

Los mitos de nuestro tiempo (I). El Ecologismo

mito. (Según la definición del diccionario de la Real Academia Española)

(Del gr. μῦθος).

1. m. Narración maravillosa situada fuera del tiempo histórico y protagonizada por personajes de carácter divino o heroico. Con frecuencia interpreta el origen del mundo o grandes acontecimientos de la humanidad.

2. m. Historia ficticia o personaje literario o artístico que condensa alguna realidad humana de significación universal.

3. m. Persona o cosa rodeada de extraordinaria estima.

4. m. Persona o cosa a las que se atribuyen cualidades o excelencias que no tienen, o bien una realidad de la que carecen.


Seguramente, todas las edades del mundo han tenido sus mitos. En nuestra época esos mitos se forman gracias a los medios de comunicación, la publicidad y las manifestaciones artísticas. Se trata de lugares comunes sobre los que la sociedad, o una parte significativa de la sociedad, no quiere posar ningún tipo de mirada más o menos crítica. A riesgo de escribir muchas tonterías, hoy inauguro una serie de entradas en la bitácora que van a tratar del componente mítico del tiempo que nos ha tocado vivir.
Recuerdo que a finales de los 80 se empezó a hablar del agujero de la capa de ozono. Un científico famoso salió por la tele, la única que teníamos entonces, diciendo que un verdadero ecologista tenía que preocuparse de muchas más cosas antes del agujero de las narices, entre otros motivos porque no se sabía qué lo estaba causando y por qué unos años se estrechaba y otros aumentaba. Esta es mi primera crítica al ecologista medio: Su falta de rigor. Pero eso no convierte al ecologismo en mito.
Me preocupa mucho más el hecho de que hay demasiados ecologistas que nos quieren dar una imagen amable de la Naturaleza, una imagen falsa y por definición mítica. Todos los días se extinguen especies animales, es cierto, pero eso no es más que la Naturaleza en estado puro, es la supervivencia del mejor adapatado y/o del más fuerte. La Humanidad ha resultado ser el animal que más y mejor ha sobrevivido, no hay por qué sentirse mal al respecto.
El argumento ecologista que mejor funciona en términos de impacto popular es el apocalíptico. Parte de la base de que la tecnología humana ha llegado a un nivel peligroso que puede provocar un desastre terminal. El análisis parece correcto, no seré yo quien trate de rebatirlo. Sin embargo, la solución no es conservar el ecosistema terrícola tal y como está, sino hacer que nuestra tecnología sea capaz de manejar la dialéctica entre progreso y daños irreparables al planeta. El mundo va a seguir cambiando, con o sin nuestra ayuda. Sería deseable que nosotros pudiéramos influir en esos cambios para nuestro beneficio.
Todas estas objeciones no son las que convierten al ecologismo moderno en mito. Lo que más lo reduce a esa categoría es lo que tiene de distractor. Pondré un ejemplo: El ecologismo ha criticado desde el siglo XIX a la tauromaquia por lo que tiene de cruel e inhumana. Estoy de acuerdo. Me gustan los toros, pero estoy de acuerdo. Es cierto, es cruel e inhumano. Como las guerras. Como la desigualdad social. Como que haya seres humanos jugándose la vida todos los días por llegar a las Canarias. Como el Capitalismo. Todo ésto es injusto, cruel e inhumano. En mi lista de prioridades, abolir las corridas de toros estaría muy abajo. Antes hay muchos otros pescados que cocinar. Pescados que son realidades y no mitos.

Mi top 5 de canciones de artistas que no me gustan (aunque sí me gustaron alguna vez)

1. Distractions - Paul McCartney
2. On every street - Dire Straits
3. Sunday bloody sunday - U2
4. Creep - Radiohead
5. Hoy no me puedo levantar - Mecano

Aunque los artistas ya no me gustan, sí que todavía me molan, en algunos casos bastante, estas cinco canciones. Todas tienen una historia que explica su inclusión en esta lista, el por qué sigo disfrutándolas y el por qué no me dice nada el resto de la obra de sus autores. Como podréis entender, esas razones son de los más arbitrario e injusto que os podáis echar a la cara. Pero nadie me puede acusar de no ser sincero. De lo que tampoco se me puede acusar es de tener filias y fobias sofisticadas, pero éso es otra historia...

La nota discordante en los Fab Four

viernes, 6 de octubre de 2006

Música, luces

Ayer fui a la fiesta de presentación del nuevo Opel Corsa. Lo hice por lo que se hacen estas cosas: Por amistad. Y también por lo que nadie hace nada en estos tiempos que corren: Por agradecimiento. Pero eso no impidió que me sintiera raro, como desacompasado, como fuera de foco.

Podemos resumir la noche describiendo con cierto detalle tres circunstancias, que no estrictamente hechos:

1. La heroicidad que supuso no haberme emborrachado ante la dura presion ejercida por Marta y María.
Cada 15 segundos una de las dos me ponía una birra en la mano. Para mí es muy importante haber aguantado como un campeón porque un pedo ahora sólo puede desembocar en una borrachera llorona y ya no soy tan chaval, ni aún tan viejo, como para permitirme ese lujo.

2. La conversación con Lourdes mientras sonaba "Music & lights" de Imagination.
Cuando le dije que mi instrumento favorito es el bajo secuenciado también me estaba descubriendo a mí mismo ese hecho. Segundos después completé la reflexión proclamando que mi otro instrumento favorito es la trompeta, conclusión a la que empecé a llegar unas horas antes, mientras escuchaba "Living with war" de Neil Young.

3. El "segureta" del Opencor al que llegamos con objeto de matar un poco la gusa postfestiva.
Mientras mirábamos los vinos y yo me deshacía en elogios hacia el Muga reserva, el tipo me dijo que el mejor que había en el establecimiento era uno de 3 euros (lo siento, no me acuerdo del nombre, sólo sé que tenía 5 años). Y nos dio un mitin tan completo acerca de las grandezas y miserias de su propia peripecia vital que tengo material más que suficiente como para hacerle una biografía. Sólo tenía 3 dientes, andaba quejoso porque su mujer había engordado mucho, nos confesó que tenía una "amiga", nos dijo que en Cuatro Caminos no trabajan obreros y que él creía que la pizza era de maricones hasta que la probó.

miércoles, 4 de octubre de 2006

¡Qué bello es vivir!


Vivir es una sucesión de tragos amargos. A veces son amargos y sabrosos y otras veces son amargos e indigestos. Pero no hay que darle más vueltas: Vivir es una sucesión de tragos amargos.

Conste en acta que el motivo de realizar esta afirmación no tiene que ver con el punto en el que se encuentra mi existencia. Se puede decir que estoy deprimido, que me cuesta conciliar el sueño, que estoy irascible, que veo el presente con resignación, el futuro con pesimismo y el pasado con falsa y dañina nostalgia. Eso no está siendo un obstáculo para que mis divagaciones estén desprovistas casi por completo de pasiones y debilidades. En cambio, la razón última de afirmar lo que digo se puede encontrar en algo que me ha ocurrido esta mañana.

Mi cerebro ha empezado a rugir de impaciencia. No me acuerdo qué hacía porque carece de importancia. Me imagino que para apaciguarme un poco he empezado a recordar imágenes de "¡Qué bello es vivir!". Concretamente, la escena final, ésa en la que Clarence consigue sus alas y James Stewart lee aquella nota que todos nos sabemos casi de memoria.

"No man is a failure who has friends"

Y ahí me he dado cuenta. Supuestamente ese final es el más feliz de la historia del cine, el más complaciente, el más ñoño, el más acomodaticio, el más facha, el más judeocristiano. Hoy me he dado cuenta de que no es así en absoluto.

Capra sabía un par de cosas sobre la cosa esa de hacer películas. Nunca perdió de vista que su oficio era hacer soñar al público, no debía importunarle con esa masa amorfa que llamamos realidad. "¡Qué bello es vivir!" es, curiosamente, una de las películas más realistas, desde un punto de vista filosófico, que servidor ha visto en su vida. Por eso Capra introduce el elemento fantástico del ángel que busca sus alas y da a James Stewart/George Bailey un poco de oxígeno al final, después de haber estado puteándole todo el rato. Stewart es el chico bueno que siempre hace lo correcto y nunca consigue su recompensa. ¿Hay algo más real que ésto? ¿Hay alguien que no se sienta así? Yo me siento así ahora mismo. Y esta mañana. Quizá Capra se sintiera así muchas veces y por eso no tuvo valor para dejar que su protagonista se suicidara.

No, no es un final feliz. Es una tregua. Un trago amargo y sabroso.

lunes, 2 de octubre de 2006

A llorar a la procesión

El Atleti y el Madri$ empataron ayer a uno. No ví el partido, en parte porque tengo jodida la parabólica y en parte porque me la suda tanto que sufro demasiado. Presenciar un partido es ya tan inhabitual que estoy al borde del ataque de nervios cada vez que el rival pasa del centro del campo. Lo que sí hice fue tratar de enterarme del resultado por la radio una vez finalizado el encuentro. Y ahí me encontré un hecho paradójico. Estaba hablando un entrenador italiano que engrosa las filas de los llamados "resultadistas", ésos que colocan la victoria como el bien supremo, desprecian a los que tienen un sentido lírico del fútbol y se ríen de la ingenuidad del que sigue las reglas a rajatabla. Ese entrenador italiano se quejaba amargamente de que a su jugador estrella lo habían molido a patadas para no dejarle jugar. Y pedía una sanción al delantero del equipo contrario porque, según él, había fingido una lesión.

La primera de sus objeciones era cierta. Pero esto es fútbol y el fútbol también es el central listo que da y recibe en cada choque. Y la segunda de sus alegaciones era mentira; a ese delantero su defensa central le había dado un manotazo en la cara, como se pudo ver en la moviola.

Ese entrenador italiano se llama Fabio Capello y el año pasado ganó la liga italiana, el scudetto, con un equipo que ha sido descendido a segunda división y desposeído del título por hacer trampas. Ahora le paga la nómina el Real Madrid Club de Fútbol.