Basado en hechos reales

Su primera papichuela fue a los 8 años, mientras veía un episodio de "Los Ángeles de Charlie". En ese preciso instante, Iñigo, como todos los demás componentes de su generación, se convirtió en un apasionado seguidor de Onán. Al principio, no sabía muy bien qué hacía y por qué lo hacía, pero muy pronto fue capaz de desarrollar una técnica que le proporcionaba, a partes iguales, placer y paz. Suponía, equivocadamente, que cuando su vida sexual empezara, dejaría atrás esa actividad tan satisfactoria.

Los años fueron pasando e Iñigo logró acumular todo tipo de experiencias con todo tipo de mujeres. Era feliz, pero seguía "amándose a sí mismo".

A día de hoy, Iñigo es marido y padre. La sociedad le señala como un hombre de orden, sin vicios conocidos y con una imagen pública positiva. Pero con mucha frecuencia, más de la que a veces se confiesa a sí mismo, Iñigo hace lo que lleva haciendo desde los 8 años. Ahora ya no le roba los "interviu" a su padre, sino que compra DVD's porno en el sex shop de la Calle Atocha. Se la sigue machacando a escondidas, esta vez de su esposa, y sigue usando el servicio, aunque ahora se lleva el portátil.

El domingo pasado, la mujer de Iñigo salió un momento a hacer unos recados. Él se quedó solo en casa, con la misma excitación encima que experimentaba en esa misma situación cuando era adolescente. El Barça jugaba a las nueve y no le apetecía leer ni escuchar música. De lo que realmente tenía ganas Iñigo era de "sí mismo". Fue a buscar su portátil, eligió cuidadosamente la película y se metió en el baño. Encendió el aparato, insertó el DVD y empezó a concentrarse. Pero ese momento mágico, el de la anticipación, se vio frustrado por una tragedia. Cuando tenía todo preparado, se dio cuenta de que el portátil sólo tenía un 2% de batería.

Pero Iñigo es un hombre de recursos. Rápidamente dejó el portátil en su sitio y buscó el de su mujer, que casi seguro que tenía suficiente autonomía. Repitió la operación anterior paso por paso sólo para darse cuenta de que se había dejado la película dentro de su portátil. El tiempo corría, implacable; su mujer estaba al caer. Iñigo volvió a pasearse por la casa con los pantalones por los tobillos, volvió a encender su portátil y se encomendó a los dioses para que la carga de batería le permitiera sacar la película. Durante esos angustiosos segundos le pareció oir ruidos en el pasillo, pero fue una falsa alarma.

Por fin, la misión se completó a entera satisfacción. Además, le dio tiempo a dejarlo todo en su sitio sin levantar sospechas. Y eso que cuando su mujer regresó él estaba aún en el baño porque acababa de acabar.

Iñigo vio el partido del Barça tranquilamente, cenó un poquito y se metió en la cama relajado y feliz.

A la mañana siguiente, su mujer le despertó con estas palabras.

- Iñigo, te has dejado "Bellezas del este" al lado de los rollos de papel y hoy viene la chacha, ¿qué va a pensar de nosotros?

Comentarios

M.A. ha dicho que…
Muy bueno.
Por cierto, ya tengo blog: Ligeros contratiempos.
Un abrazo, crack.
djf ha dicho que…
Ja ja ja ja ja ja. Ya estoy de vuelta. Espero que hayas aprobado.
Anónimo ha dicho que…
Da la casualidad de que, además, la asistenta es del Este.
Desde entonces, una nueva fantasía con ella llena esos momentos de relax.

Muy bien relatado Vencido, como siempre.
IÑIGO