Tardochentismo

Estos últimos días los he ocupado en elaborar la teoría definitiva acerca del look ochentero. Todo partió de una coversación con un chaval de la radio hace unos días. En ella hablábamos de Elton John y de cómo es un gran desconocido para la gente más joven, como es el caso de mi interlocutor. En un momento determinado él hizo una referencia al clip "I'm still standing" tildándolo abiertamente de ochentada y macarrada. Yo le dije que ese clip, precisamente ése, me encanta porque es muy divertido y es una autoparodia de su obsesión por las gafas. Pero él contestó: "ya, pero es que muy ochentero y, ya se sabe que los ochenta en cuestión de imagen son para echarlos de comer aparte".

Pero yo creo que no, que éso que a los más jóvenes les parece ochentero en realidad es más bien tardochentero. Mi teoría descansa sobre la tensión entre el barroco y el rococó. Veamos.

Todos los movimientos culturales o artísticos llegan a una fase barroca. La moda roquera entró en esa fase hacia finales de los 70 y se mantuvo de esa manera hasta el 87 o así.





Como se puede apreciar, el look puramente ochentero oscila entre un recargamiento fronterizo con el exceso (Madonna) con un neoclasicismo particular, barroco en cuanto a concepto (Tony Hadley). Gustará o no, pero todavía podemos tenerle respeto.

En el 87 la moda pop llega a su fase rococó. Y entra en barrena estética. Los inefables Locomía nos muestran cómo digerir mal una tradición que flirtea con el exceso puede tener resultados catástroficos.

El tardochentismo finaliza a principios de los 90 cuando las hordas del grunge devuelven la camisa de leñador, los vaqueros y las zapatillas a la estética de la juventud. Era más que necesario un borrón y cuenta nueva. Algo así como el punk del 77, con la diferencia de que Rotten y Cia no sólo renovaron los armarios. Hicieron lo propio con las conciencias aunque algunos no se hayan enterado aún.

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