Frases para la historia

Este fin de semana se casaba en Pamplona un amigo mío, que es pintor. Le llamamos (algunos) el “trascendido” porque dejó un trabajo seguro de oficinista para empezar a estudiar Filosofía y dedicarse por completo al arte. Como buenos amigos le apoyamos sin reservas. Pero también le hicimos innumerables coñas, muchas en su cara pero la mayoría, las más crueles e injustas por supuesto, a sus espaldas.

Su destino era morirse de hambre y, a continuación, retornar al drama del oficinista. Pero el amor se hermanó con el mecenazgo y se mudó a Bruselas. Ahora es un artista.

(Se me hace difícil usar esa palabra, “artista”, para referirme a un compañero de juergas juveniles, a un chaval que venía con nosotros a los bares de la Prospe a ver fúsbol)


Fue una boda singular. Sólo hubo unos 40 invitados, gran parte del lado del novio. Se podía decir que éramos sólo la familia más próxima y los amigotes. Además, se celebró en un “marco incomparable”. Pero sobre todo, se pronunciaron frases para la historia.






La misa discurrió con cierta placidez. A favor del cura podemos decir que no habló de la fertilidad como base del matrimonio, auténtico leit motiv en los sermones de las bodas hispánicas. Sin embargo, como todos sabemos, lo verdaderamente mollar acontece a partir de la salida de los novios del templo. En esta oportunidad, tras las fotos y felicitaciones de rigor, ambos dos echaron a andar precedidos por unos señores con boinas rojas que tocaban una música muy ruidosa. Unos cuantos les seguimos y por un momento, me vi metido en “El hombre tranquilo” de Ford. Creí que nos dirigíamos a comer.

Coronamos una lomita y allí el novio anunció que iba a haber “unas lecturas”. El viento era demoledor a esa hora del mediodía y en ese punto de Navarra. Por lo tanto, “las lecturas” se redujeron a una, este poema de José Hierro (nada que ver con el ex asesino del Real Madri$):

RESPUESTA

Quisiera que tú me entendieras a mí sin palabras.

Sin palabras hablarte, lo mismo que se habla mi gente.

Que tú me entendieras a mí sin palabras como entiendo yo al mar o a la brisa enredada en un álamo verde.


Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte, hace ya mucho tiempo aprendí hondas razones que tú no comprendes.

Revelarlas quisiera, poniendo en mis ojos el sol invisible, la pasión con que dora la tierra sus frutos calientes.


Me preguntas, amigo, y no sé qué respuesta he de darte.

Siento arder una loca alegría en la luz que me envuelve.

Yo quisiera que tú la sintieras también inundándote el alma, yo quisiera que a ti, en lo más hondo, también te quemase y te hiriese.

Criatura también de alegría quisiera que fueras, criatura que llega por fin a vencer la tristeza y la muerte.


Si ahora yo te dijera que había que andar por ciudades perdidas y llorar en sus calles oscuras sintiéndote débil, y cantar bajo un árbol de estío tus sueños oscuros, y sentirte hecho de aire y de nube y de hierba muy verde...


Si ahora yo te dijera que es tu vida esa roca en que rompe la ola, la flor misma que vibra y se llena de azul bajo del claro nordeste, aquel hombre que va por el campo nocturno llevando una antorcha, aquel niño que azota la mar con su mano inocente...


Si yo te dijera estas cosas, amigo, ¿qué fuego pondría en mi boca, qué hierro candente, qué olores, colores, sabores, contactos, sonidos?

Y ¿cómo saber si me entiendes?

¿Cómo entrar en tu alma rompiendo sus hielos?

¿Cómo hacerte sentir para siempre vencida la muerte?

¿Cómo ahondar en tu invierno, llevar a tu noche la luna, poner en tu oscura tristeza la lumbre celeste?

Sin palabras, amigo; tenía que ser sin palabras como tú me entendieses.

José Hierro



Como soy un gilipollas, me recordó a una balada lacrimógena de Extreme, “More than words”, pero, la verdad, no tiene nada que ver.

Después volvimos al hotel. Atardecía. En uno de los salones había otra boda y el líder y yo entramos. Nada más llegar se dieron cuenta de que estábamos haciendo un boda de Farruquito, aunque al final nos soltaron unas copichuelas. Mientras nos las bebíamos nos dimos cuenta que todo el mundo era muy feo y con muy poca clase y ya no nos pareció tan raro que destacáramos nada más entrar. Me terminé el ron en la habitación.

Después de asaltar el mini bar, nos cambiamos y nos fuimos de marcha por Pamplona. Como os podéis imaginar, el campo estaba abonado para que sonaran frases para la historia. Especialmente porque ya habíamos escuchado muchas, en situaciones menos favorables, durante todo el día. Me atrevería a decir que durante todo el fin de semana.

Imaginaos una cuadrilla de capullos, la mayoría del Foro, entre los 30 años y más allá, con la cara desencajada, con mucho alcohol encima y diciendo cosas como éstas, en un tono crispado y, a la vez, tierno:

“Yo sí que consumé en mi noche de bodas. ¡¡¡Y tres veces!!!”

“Os lo creáis o no, desciendo de un rey francés, puede que bastardo (sic)”


Como veis, frases para la historia.

Comentarios

ChrisWoznitza ha dicho que…
Este comentario ha sido eliminado por un administrador del blog.
Malasombra ha dicho que…
Y algo me dice que te callas las mejores.
Vencido ha dicho que…
Que sepáis que el commemt borrado era un spam.

Me permito añadir otra frase para la historia:

"Adriana, fíate de mí y chupa ésto. Un aspecto infernal pero riquísimo."

NOTA: Yo pronuncié también frases para la historia pero mi modestia em impide reproducirlas aquí.
Umma1 ha dicho que…
Una boda diferente... ay qué envidia.
Hace mil años que mis amigos solamente se divorcian...
y ninguno reincide, caray.
Podrían hacerlo para dar fiesta a los conocidos, hay que ser generoso... Pero estos parece que no.
Mahoumamau ha dicho que…
Me permito corregir a Vencido en una de sus transcripciones. La frase era: "os lo creais o no PREVENGO de un rey francés, puede que bastardo".

El noble francés también dijo: "pero tampoco me imaginaba con yo mismo, pero lo hice ¿y qué?"
RED PRIAPO ha dicho que…
Lebreles y drogas (legales o no). Es muy dificil que no haya explosión de carcajadas y descojono.

Grandes momentos, si señor.