El choque del Antiguo y el Nuevo Régimen

En la anterior entrada me negué a emplear la expresión que titula la que estás leyendo ahora. Todo el mundo la usa al referirse a la I Guerra Mundial y yo quise ser una excepción. Al final, vine a decir lo mismo pero de manera menos precisa ("El siglo XIX termina de manera abrupta" o "quisieron detener lo que ya estaba en movimiento"). Fue un error. No estuvo mal intentarlo, pero me equivoqué.

En esta entrada no meteré esa gamba.

El miércoles pasado asistí a un choque entre el Antiguo y el Nuevo Régimen de mi propia existencia. Hice dos entrevistas seguidas y ví un concierto.

La primera entrevista fue a Sharleen Spiteri, mito erótico de mi post-adolescencia. Cuando conducía mi Ibizilla en dirección al Palace, lugar del encuentro, me acordé del vídeo de "Everyday now". Salía guapísima. Era una chavala. La canción estaba bien. Ya no. Ninguna de las tres cosas.

Como la otra vez que la entrevisté, fue maja. Está ya muy cerca de los 40 años y lo lleva bastante bien. No es que no los aparente, es que sigue siendo guapa a pesar de que ya está arrugadita. Ha envejecido con dignidad, como diría el cursi que en el fondo llevo dentro.

El disco me llegó el martes por la tarde pero yo, por si acaso, ya había elaborado un cuestionario investigando por la red. Tras escucharlo, fui incapaz de corregirlo o aumentarlo. Esa fue la primera pista. Charlando con ella, se me picó porque le sugerí que a estas alturas es más una famosa que un músico. No se lo dije así, pero ella se percató perfectamente de cuál era el subtexto de la pregunta. En cierto modo, esa fue la mejor demostración de mi tesis. Otra es el nuevo disco (y todos los anteriores desde "White on blonde").

Sharleen es como mi Antiguo Regimen.

Casi sin tiempo tuve que ir cagando leches a la puerta del Museo del Prado para entrevistar a The Gift. Si seguís este bloj con una cierta regularidad, ya sabréis que me hecho muy fans de este grupo portugués. Yo diría que son como una especie de Portishead meets pop meets Disney.

The Gift son cuatro, pero acudieron tres y sólo salieron en el plano dos, John Gonçalves y Sonia Tavares. Reconozco que no fue una de las mejores entrevistas de mi vida, ni mucho menos, pero a mí me gustó. Me cayeron muy bien. Saldrá una buena pieza pero, la verdad, me la pela. Mi compromiso con el curro está bajando de intensidad. Estoy consiguiendo que el trabajo sea lo que termina cuando empieza la vida.

La estrella del grupo es Sonia. En el disco tiene una voz tan grave que puede parecer impostada. Cuando la oyes hablar te das cuenta que ése es su tono natural. El cámara que venía conmigo me dijo que "joder, parece un tío cuando habla". Sin embargo, a mí me parece que Alaska mataría por poder cantar con ese timbre. Me cae muy bien. Ahora me atraen más las feas que las guapas.

The Gift es como mi Nuevo Régimen.

Al filo de la medianoche (¿de qué me suena esta expresión?) empezó en El Sol el concierto de Ben Lee. El chaval demostró muchas cosas. Por ejemplo, que si algún día se cansa de rasguear su acústica se puede ganar la vida haciendo stand-up comedy. Y que no hay nadie en el mundo hoy en día capaz de escribir canciones tan hermosamente sencillas. Siempre he creído que lo verdaderamente revolucionario, que lo verdadermente valioso, es el "menos es más". Ben Lee me lo volvió a dejar claro el miércoles por la noche.

Ben Lee es como el elemento común entre mi Antiguo y mi Nuevo Regimen.

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