Bombas

Estos días estoy teniendo una sensación curiosa. Por un lado mi vida ha ingresado en una etapa de placidez absoluta pero, al mismo tiempo, a mi alrededor se suceden pequeños o grandes dramas de los que salgo ileso.

¿Ileso?

¿Seguro?

Veamos. No me puedo quejar y, además, trabajo muy duro para en caso de tener de qué quejarme tratar de poner remedio sin caer en poco prácticas lamentaciones. Ese flanco está cubierto. Sin embargo, no es lo mismo cuando las cosas les pasan a los demás.

Imaginaos que estáis en una trinchera. El enemigo está a escasos metros y os están bombardeando constantamente. Habéis encontrado un lugar seguro pero a vuestro alrededor se amonotonan los cadáveres de vuestros compañeros.

Así me he sentido esta semana. Han explotado unas cuantas bombas en mi entorno y ninguna me ha rozado. Entonces, ¿por qué he acabado tan agotado anímicamente? Maravillas de la empatía, me imagino.

Menos mal que el pasado viernes noche fue el mejor viernes noche del año.

Comentarios

pato ha dicho que…
pues nada, a seguir bien... y sepa que esta semana también tiene viernes. suerte.