Entrada en 3 actos

Una de las cosas que más me obsesionan desde que escribo en esta bitácora es no repetir las estructuras. Apenas lo consigo, pero por lo menos me obliga a prestar una mínima atención a esta exigencia.

Es fundamental dar con la estructura adecuada al contar algo. Hay mil maneras pero lo mejor es tratar de adecuarse al patrón clásico, al de los 3 actos, al de la exposición, nudo y desenlace. No digo que todo tenga que ser así, sólo digo que hay que dominar la técnica de los 3 actos para poder violentarla. Si sabes contar algo por orden, también puedes desordenarlo con un cierto sentido.

AQUÍ ACABA EL PRIMER ACTO DE ESTA ENTRADA


Últimamente me he estado fijando en que las películas que me gustan de consumo masivo respetan bastante fielmente el esquema de los 3 actos. De esa manera, al llegar a los 20 minutos finales el interés no decae porque han suministrado la información en el momento justo. Hace dos semanas me ví de madrugada "Tango y Cash" y me encantó (una vez más). No sólo por frases como "No seas tan creído, pichulín", que además son responsabilidad del traductor, sino porque está perfectamente contada. Los 3 actos están diseñados a la perfección. La historia es una tontería pero la forma es perfecta. Otras veces, la historia está muy bien pero fallan las estructuras y al final el edificio se viene abajo. Eso ocurre cuando decimos. "La peli empieza bien pero luego ya no me creo nada" o cosas por el estilo. Pero el problema no está ahí sino al principio. Billy Wilder decía que los problemas del tercer acto tienen su origen en el primero.

Otra de las cosas que he descubierto es que mi paso por la Facultad de Derecho no sólo dejó en mí el poso de saber jugar al mus. Revisando mis anteriores escritos me he dado cuenta de que yo no sigo demasiado fielmente la estructura de los 3 actos. Más bien parecen una sentencia. Primero expongo y luego demuestro.


AQUÍ EMPIEZA EL TERCER ACTO DE ESTA ENTRADA


Por lo tanto, ya he dejado claro que, por un lado, soy un fanático de la ley y el orden, pero sólo a efectos de técnica narrativa. Por el otro, es evidente que me precocupa mi incapacidad para estructurar mis relatos siguiendo el esquema de la ley y el orden de los 3 actos.

Así que esta entrada no ha sido más que un ejercicio de estilo. O mejor, un examen para ver si era capaz de escribirla en 3 actos. Si has llegado hasta aquí te debes sentir como si hubieras abierto un correo electrónico en cuyo asunto pusiera: "Prueba".

Mis más sinceras disculpas.

Comentarios

Pato ha dicho que…
Ayer leí una cosa que me recordó sus Via Crucis Cinematográficos. Vea:
"Ella iba al cine así lloviera o nevara. Vincent era suficientemente sensible para saber por qué: también en su vida hubo una especie de limbo en que iba al cine todos los días, y no era raro que se quedara a ver varias veces la misma película; en cierto modo, era como una religión: al ver las cambiantes siluetas en blanco y negro experimentaba una liberación de la conciencia semejante a la que uno encuentra en la confesión"
A que sí. Tiene premio si averigüa quién lo escribió.
Una pista: 1946.
Vencido ha dicho que…
Ni idea.

No sé si una liberación de la conciencia lo de mis VCC's. Más bien es un intento de perder de vista el mundo real unas horas.
pato ha dicho que…
Es un cuento de Truman Capote que se titula "El halcón decapitado".
Que le sea a usted leve el día de hoy o que dure menos horas.