El miércoles vuelvo al tajo

El miércoles vuelvo al tajo.
Habrá sido un mes entero sin pisar aquel malhadado edificio y de no pensar apenas en las miles de vueltas que el destino va a dar a partir de septiembre. Sí, es cierto, estoy seguro de que va a haber muchos cambios este otoño. En todos los niveles, pero especialmente en el laboral, que va a marcar la tónica de mi vida en los próximos años. La idea de estas largas vacaciones era aprovisionarme de energías porque sin duda las voy a necesitar para afrontar todas las frustaciones y sinsabores que jefes, compañeros de trabajo o incluso amigos me van a deparar.

En el último año he sufrido varias derrotas. Dos muy buenos amigos han dejado de serlo y todavía no sé muy bien por qué, especialmente en el caso de Eva. Yo sabía que nada es para siempre, pero aún tenía un concepto infantil de la amistad. Hace unos meses cumplí 35 años y ya sé que la vida cambia cada x tiempo y que lo que ayer era amistad pura hoy es un hueco en la agenda de teléfonos. Y que no hay una razón, ni siquiera un grupo de razones, que lo explique satisfactoriamente. Por lo menos no hay una razón que podamos reconocer como producto de la razón. No basta con decir, "pasa y ya está". Esa no es una explicación. Apenas es un consuelo y, en muchos sentidos, es más una renuncia que una mera descripción.

En el último mes me han asaltado pensamientos sombríos. He leído sobre tres de las grandes guerras del siglo XX, (la I Guerra Mundial, la Guerra Civil y la de Vietnam). No contento con eso me estoy devorando una novela de ciencia ficción pacifista y el tratado de sobre la guerra del famoso general prusiano Carl Von Clausewitz. Hay una clara conexión, de ida y vuelta, entre mi actual pico depresivo y estas lecturas. Por un lado me protegen de mi realidad proporcionándome una evasión excitante pero por el otro me recuerdan esa verdad insondable de que el azar nos gobierna. No el azar a secas, sino determinado tipo de azar. Ese azar que te pone en el momento y lugar precisos. Muchas veces no tiene nada que ver con tus méritos o con la ausencia de ellos. A veces ocurre que luchas por modificar esa mala posición de salida. La historia de las guerras está llena de batallas perdidas de antemano que se libran confiando en que, de pronto, un golpe de viento, una decisión acertada, o una desacertada, unos refuerzos que no se sabía que iban a llegar o cosas aún más nimias, lo cambien todo. Por supuesto, pocas veces ocurre. Pero ocurre.

Posiblemente, mi batalla de aquí a fin de año ya esté perdida. Pero a veces ocurre y por eso habrá que pelear, aunque imagine que tampoco va a ocurrir esta vez.

Después de leer estas líneas a nadie debe escapar que estoy como antes del verano. Confuso. Ayer leí que quien no está ocupado en vivir lo está en morir. Me imagino que esa es la salida. El problema es que ahora mismo no se cómo se ocupa uno en vivir. Lo que quiero decir es que, ahora mismo, no tengo una idea clara de cómo encajar todas las piezas.

Puede que haya un golpe de viento, ¿quién sabe?

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