lunes, 29 de agosto de 2005

Entrada en 3 actos

Una de las cosas que más me obsesionan desde que escribo en esta bitácora es no repetir las estructuras. Apenas lo consigo, pero por lo menos me obliga a prestar una mínima atención a esta exigencia.

Es fundamental dar con la estructura adecuada al contar algo. Hay mil maneras pero lo mejor es tratar de adecuarse al patrón clásico, al de los 3 actos, al de la exposición, nudo y desenlace. No digo que todo tenga que ser así, sólo digo que hay que dominar la técnica de los 3 actos para poder violentarla. Si sabes contar algo por orden, también puedes desordenarlo con un cierto sentido.

AQUÍ ACABA EL PRIMER ACTO DE ESTA ENTRADA


Últimamente me he estado fijando en que las películas que me gustan de consumo masivo respetan bastante fielmente el esquema de los 3 actos. De esa manera, al llegar a los 20 minutos finales el interés no decae porque han suministrado la información en el momento justo. Hace dos semanas me ví de madrugada "Tango y Cash" y me encantó (una vez más). No sólo por frases como "No seas tan creído, pichulín", que además son responsabilidad del traductor, sino porque está perfectamente contada. Los 3 actos están diseñados a la perfección. La historia es una tontería pero la forma es perfecta. Otras veces, la historia está muy bien pero fallan las estructuras y al final el edificio se viene abajo. Eso ocurre cuando decimos. "La peli empieza bien pero luego ya no me creo nada" o cosas por el estilo. Pero el problema no está ahí sino al principio. Billy Wilder decía que los problemas del tercer acto tienen su origen en el primero.

Otra de las cosas que he descubierto es que mi paso por la Facultad de Derecho no sólo dejó en mí el poso de saber jugar al mus. Revisando mis anteriores escritos me he dado cuenta de que yo no sigo demasiado fielmente la estructura de los 3 actos. Más bien parecen una sentencia. Primero expongo y luego demuestro.


AQUÍ EMPIEZA EL TERCER ACTO DE ESTA ENTRADA


Por lo tanto, ya he dejado claro que, por un lado, soy un fanático de la ley y el orden, pero sólo a efectos de técnica narrativa. Por el otro, es evidente que me precocupa mi incapacidad para estructurar mis relatos siguiendo el esquema de la ley y el orden de los 3 actos.

Así que esta entrada no ha sido más que un ejercicio de estilo. O mejor, un examen para ver si era capaz de escribirla en 3 actos. Si has llegado hasta aquí te debes sentir como si hubieras abierto un correo electrónico en cuyo asunto pusiera: "Prueba".

Mis más sinceras disculpas.

domingo, 28 de agosto de 2005

El miércoles vuelvo al tajo

El miércoles vuelvo al tajo.
Habrá sido un mes entero sin pisar aquel malhadado edificio y de no pensar apenas en las miles de vueltas que el destino va a dar a partir de septiembre. Sí, es cierto, estoy seguro de que va a haber muchos cambios este otoño. En todos los niveles, pero especialmente en el laboral, que va a marcar la tónica de mi vida en los próximos años. La idea de estas largas vacaciones era aprovisionarme de energías porque sin duda las voy a necesitar para afrontar todas las frustaciones y sinsabores que jefes, compañeros de trabajo o incluso amigos me van a deparar.

En el último año he sufrido varias derrotas. Dos muy buenos amigos han dejado de serlo y todavía no sé muy bien por qué, especialmente en el caso de Eva. Yo sabía que nada es para siempre, pero aún tenía un concepto infantil de la amistad. Hace unos meses cumplí 35 años y ya sé que la vida cambia cada x tiempo y que lo que ayer era amistad pura hoy es un hueco en la agenda de teléfonos. Y que no hay una razón, ni siquiera un grupo de razones, que lo explique satisfactoriamente. Por lo menos no hay una razón que podamos reconocer como producto de la razón. No basta con decir, "pasa y ya está". Esa no es una explicación. Apenas es un consuelo y, en muchos sentidos, es más una renuncia que una mera descripción.

En el último mes me han asaltado pensamientos sombríos. He leído sobre tres de las grandes guerras del siglo XX, (la I Guerra Mundial, la Guerra Civil y la de Vietnam). No contento con eso me estoy devorando una novela de ciencia ficción pacifista y el tratado de sobre la guerra del famoso general prusiano Carl Von Clausewitz. Hay una clara conexión, de ida y vuelta, entre mi actual pico depresivo y estas lecturas. Por un lado me protegen de mi realidad proporcionándome una evasión excitante pero por el otro me recuerdan esa verdad insondable de que el azar nos gobierna. No el azar a secas, sino determinado tipo de azar. Ese azar que te pone en el momento y lugar precisos. Muchas veces no tiene nada que ver con tus méritos o con la ausencia de ellos. A veces ocurre que luchas por modificar esa mala posición de salida. La historia de las guerras está llena de batallas perdidas de antemano que se libran confiando en que, de pronto, un golpe de viento, una decisión acertada, o una desacertada, unos refuerzos que no se sabía que iban a llegar o cosas aún más nimias, lo cambien todo. Por supuesto, pocas veces ocurre. Pero ocurre.

Posiblemente, mi batalla de aquí a fin de año ya esté perdida. Pero a veces ocurre y por eso habrá que pelear, aunque imagine que tampoco va a ocurrir esta vez.

Después de leer estas líneas a nadie debe escapar que estoy como antes del verano. Confuso. Ayer leí que quien no está ocupado en vivir lo está en morir. Me imagino que esa es la salida. El problema es que ahora mismo no se cómo se ocupa uno en vivir. Lo que quiero decir es que, ahora mismo, no tengo una idea clara de cómo encajar todas las piezas.

Puede que haya un golpe de viento, ¿quién sabe?

martes, 23 de agosto de 2005

La sonrisa de Meg



"Sólo los superficiales no juzgan por las apariencias"
Oscar Wilde

Hay un truco que siempre me ha funcionado muy bien. No sé exactamente por qué, pero, a los hechos me remito. Jamás me he tenido que arrepentir cuando he tomado una decisión inspirada en este aforismo casi infalible:

"Hay que comprar los discos por la portada".


Hace unas semanas adquirí "Get behind me, Satan" de los White Stripes. Lo hice por la expresión del rostro de Meg en la portada (ver primera foto de este post). Es una mueca imposible que a veces me parece una sonrisa y otras una expresión de aburrimiento. Puede que sea las dos cosas.

"Get behind me, Satan" está bastante bien. Es el disco de los White Stripes que más me gusta. Sólo tengo un reproche que hacerle. El tema que canta Meg, "Passive manipulation", sólo dura 35 segundos. Es muy bonito, (¿el mejor?), pero es demasiado corto. Incluso para mí, un decidido defensor de las expresiones artísticas breves y sencillas.

No soy fan de los White Stripes. Son una banda demasiado conectada al pasado. Jack me cae bien, tiene su punto, pero al final cansa un poco lo del caballero sureño que se da de hostias con otros músicos en un bar. Los discos molan, aunque no conviene escucharlos muchas veces porque terminas teniendo la incómoda sensación de que otros ya han estado en ese lugar.

Yo lo que soy es un admirador incondicional de Meg. Esa manera de tocar, a lo Moe Tucker, esa voz ingenua y poppie.
Y esa sonrisa que me recuerda a la de un cuadro muy famoso que está en el Louvre.

sábado, 20 de agosto de 2005

Haciendo trampas

Acabo de comer y me estoy tomando un café. Hace no demasiado tiempo que amanecí. Mi estado general se resuelve con un sustantivo: Resaca.

En estas circunstancias apenas soy capaz de escribir estas palabras. Mi único objetivo vital es echarme una siesta. No me apetece nada hacer la crónica completa del VCC. Pero algo tengo que poner porque ayer me comprometí por escrito. Y si ahora no tengo ganas, dentro de unas horas es altamente improbable que me seduzca la idea de hacer esta gilipollez. Por lo tanto, voy a pincharos la versión Edit. El Extended Play lo dejaremos para otro día.


El VCC tuvo lugar el martes pasado. Sólo ví tres películas, "Ninette", "Por qué las mujeres siempre quieren más (sic)" y "Vorvik". Hubo una que sabía que no me iba a gustar y no me gustó. Otra me entretuvo y la restante no está mal, es más o menos cómo la esperaba. Si esperáis al Director's Cut a lo mejor os digo cuál es cuál.


El mejor momento fue escuchar los primeros singles de Elvis ("It's alright, Mama", "Don't be cruel" y demás maravillas) mientras me gastaba 13 euros en los dos primeros discos de Marc Parrot, un recopilatorio de los Hall & Oates primitivos, otro de los Herman Hermitt's, y el álbum de 08001.


Ya sé que no es lo que os había prometido pero me he dejado la piel escribiendo esta birria.

Buenas noches.

viernes, 19 de agosto de 2005

Un señor



El tipo con corbata que sonríe ya sabéis quién es. Los de negro tatuados y con cara de pocos amigos son los Manowar, grupo heavy de muy alta graduación. Para el que no lo sepa, decir que los Manowar tenían fama hace unos años de ser los que más alto tocaban en vivo. Me da la sensación de que el lugar es el Hotel Palace de Madrid.

¿Alguien entiende esta foto?

Una posible explicación me la dieron indirectamente el otro día. Parece ser que el tipo sonriente encorbatado se había liado con una señora en Marbella. En un programa de TV le preguntaron por esta relación, incidiendo en el hecho de que ella había entrado en su casa a altas horas de la madrugada. El tipo de la sonrisa y la corbata respondió que "un caballero olvida todo lo que pasa a partir de las 12 de la noche".

Y yo añado. "Un caballero tiene que ser capaz de retratarse con los Manowar en el Palace mientras porta una sonrisa y una corbata".


Mañana, la crónica del VCC.

lunes, 15 de agosto de 2005

10

En 1987 un equipo del sur de Italia ganaba por primera vez el Scudetto. Se trataba del Napoli de Diego Armando Maradona, que menos de un año antes había ganado el Mundial de México '86 con la Argentina. Cuando la ciudad celebraba la consecución del título, un pequeño grupo de tiffosi se fue al cementerio de Nápoles e hizo una pintada que rezaba así:

"Lo que os habéis perdido"

Una de las cosas que me hubiera gustado ser y que ya no seré es hincha del Napoli en el '87. Con todo lo que ello significa.

Por una vez, ganaban los buenos.

domingo, 14 de agosto de 2005

Reflexiones de verano

El otro día hice un descubrimiento sorprendente. Estaba buscando papeles sobre las radios comunitarias y me encontré con una carpeta que pone en su tapa la palabra "realidades". Tenía dentro los dos cuentos largos que escribí hace más de diez años, infinidad de escritos de todo tipo y un recorte de periódico del año 93 en el que sale mi foto. Eché un vistazo y no me costó nada reconocerme en ese universitario ocioso y desorientado. Me imagino que es muy mala señal pero hoy no quiero escribir de eso.

A principios de los 90 me compré dos carpetas. A una le puse "proyectos" y a la otra "realidades". La idea era que primero iba a ir poniendo borradores e ideas en la carpeta "proyectos" para que, con el tiempo, algunas de esas páginas, convenientemente desarrolladas, pudieran alcanzar la categoría de "realidades". En un primer momento, "proyectos" estaba a rebosar y "realidades" apenas tenía entradas. Entonces ocurrió un fenómeno extraño. A partir de determinado punto me olvidé de la carpeta "proyectos" y, directamente, volqué todo en "realidades". Creo recordar que lo hice porque veía que muy pocas de esas ideas se convertían en algo tangible. Desde entonces, todo iba a "realidades".

En ese momento, dejé de tener ningún filtro. Todo valía y, como me imagino que estáis empezando a suponer, por la misma dinámica de la situación, nada valía. La carpeta "realidades" fue despachada a un oscuro cajón del que la rescaté recientemente.

Había confundido realidad con producto acabado. No me dí cuenta de que el producto está acabado cuando es coherente y valioso. En la carpeta "realidades" hay muy buenas ideas pero están mal expresadas. Casi todo son "sentadas" de duración variable sin ninguna reflexión anterior ni posterior, un poco como escribo estos posts. Ésta es una objeción cualitativa.

La objeción cuantitativa está determinada por un hecho fácilmente comprobable. Un porcentaje no superior al 10% de nuestras ideas es buena o, al menos, presentable. No tiene lógica que todas nuestras ideas vayan a la carpeta "realidades". Antes deben pagar el peaje de demostrar que han dejado de ser proyectos.

Por éso, hay que tener muchas ideas y después seleccionarlas. Son dos procesos distintos y, muy a menudo, no se encuentran en una sóla persona. Cuando alguien es brillante en el primer punto se le llama creativo. Al que es capaz de hacer bien lo segundo lo calificamos de hombre de talento. Obvio es decir que el que es bueno en todo es un genio.

Ambos mundos están íntimamente relacionados. Sin la carpeta "proyectos" la carpeta "realidades" no tiene sentido, como yo mismo experimenté. Y al revés, la cosa tampoco funciona.

viernes, 12 de agosto de 2005

Via Crucis Cinematográfico

Lo prometido es deuda. Un Via Crucis Cinematográfico (en adelante VCC) consiste en pasarse el día en el cine. Hay que ver un mínimo de 3 películas, aunque yo he logrado cascarme 4. La semana que viene intentaré batir esa plusmarca.

Antes de emprender un VCC es necesario dar informaciones falsas acerca de tu paredero. Por ejemplo, a tus amigos les dices que estás trabajando y en el curro dices que estás enfermo. Es necesario desaparecer, que nadie te moleste. Hay que apagar el móvil y sólo encenderlo al final de la jornada. Esta regla es muy importante. El 11 de septiembre de 2001, que estaba haciendo un VCC, se me ocurrió mirar si tenía mensajes a eso de las 6 de la tarde y, como os podéis imaginar, había unos cuantos.

Todos mis VCC's han empezado en la sesión matinal de la Vaguada. Tengo especial predilección por ese sitio. Muchas de mis pellas de la temporada 86/87 tuvieron lugar allí. En los huecos del plan perfectamente trazado de antemano me dejo caer por el Discoplay (sí, se llama otra vez Discoplay) del citado Mall. A partir de ahí, cualquier cosa es posible, pero es muy aconsejable ver varios tipos de película. Una de acción/terror/thriller/consumo masivo, una comedia, otra en VO y una "buena" suele ser un menú aceptable. El último VCC lo terminé en la Filmoteca viendo "Good bye, Lenin", que se me había pasado cuando la estrenaron.

Prometo crónica pormenorizada de mi próximo VCC.

martes, 9 de agosto de 2005

Ferragosto

Hay quien se va la India a "encontrarse a sí mismo". Está bien, lo respeto, pero eso no es para mí. Yo ya sé que dentro de mí no hay nada, como estoy probando en este ferragosto madrileño-serrano. Los días se suceden, se parecen unos a otros, y yo sigo con mi plan original, el que está en "Todo lo que quiero hacer" de 091 (tema incluido en "Debajo de las piedras", disco publicado en 1987). Está mejor expresado en esa canción pero vamos a tratar de resumirlo en la siguiente lista de objetivos:

1. Ver "Frasier" casi todos los días a las 22 horas.
2. Seguir noticias deportivas como ésta. Hechos que prueban, una vez más, que los gilipollas nacen y, también, se hacen.
3. Verle el culo a Elsa Pataky.
4. Escuchar mucha música.
5. Leer todo tipo de cosas. Ayer me terminé el tocho de la biografía de Franco escrita por Paul Preston. Se trata de un record personal, tiene más de 900 páginas.
6. Realizar Via Crucis Cinematográficos. Esto los explicaré en el próximo post.

En definitiva, holgar. Ése es mi único plan para este ferragosto. Puedo proclamar con orgullo que lo estoy cumpliendo y eso me hace feliz. Aunque esté más cerca que nunca de probar, sin ningún género de dudas, que dentro de mi cabeza sólo podrás encontrar el vacío más absoluto.

domingo, 7 de agosto de 2005

Yo vine de Marte



"Es como cuando yo digo que el Madrid es patrimonio de todos, es patrimonio de la Humanidad".


Recuerdo perfectamente el sábado 3 de diciembre de 1988. Ese día jugaban el Madri$ y el Atleti en la cuadra. En aquella época no seguía demasiado el fútbol. Sí, era del Atleti, pero no me podía considerar auténticamente antimadridista. Pero aquella fría jornada pre invernal lo cambió todo para siempre.

Perdimos 2-1, el segundo gol lo metió Mari Pili en el tiempo de descuento y con 3 jugadores en fuera de juego. Antes, el cucaracho echó a Orejuela por recibir una coz de Buyo. Y por si fuera poco, con el marcador empate a 1, Manolo se plantó solo delante de Buyo, que lo golpeó salvajemente. No fue penalty porque estaban fuera del área y Buyo no fue expulsado a pesar de ser su tercera agresión de la tarde (Futre, Orejuela y Manolo fueron los damnificados).

Lo que cambió todo no fue el enésimo atraco merengue. Incluso puedo conceder que hubiéramos perdido igual y que ha habido robos más descarados que aquél. Para lo que no estaba preparado era para soportar el cachondeo de un amigo, vikingo hasta la náusea, que se rió de mí y de mi equipo. Pero la risa no era que nos habían ganado, sino que nos habían robado.


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El miércoles pasado Florentino Pérez dijo lo que está entre comillas al principio de este post. Esas declaraciones son una prueba más de que soy un marciano.

jueves, 4 de agosto de 2005

"Sabía que ésto iba a llegar"

En un episodio de "Frasier" se desarrolla la siguiente escena. Un joven magnate ha comprado la emisora para la que trabaja Frasier. Este chaval sin cultura se rinde ante la sofisficación de cartón piedra y el descreímiento absoluto del personaje intepretado por Kelsey Grammer. En un momento dado, casi por sorpresa, el niñato le anuncia de manera solemne que va a hacer de él una estrella a nivel nacional y que tiene planes para que el programa de radio dé el salto a la tele. Eso es exactamente lo que Frasier tenía en mente cuando empezó a hacerle la pelota. Pero aún así le sorprende tanto que se queda unos segundos en silencio, segundos aprovechados por los espectadores para descojonarnos de su mueca imposible, entre la felicidad suprema, la incomprensión y el asombro. Por fin reacciona y musita:

- Sabía que ésto iba a llegar.

Por supuesto, no llega nada de nada.

He contado una de mis escenas favoritas de Frasier por dos razones. 1) Para recordarme que, de una manera un poco enfermiza, no estoy del todo solo en el mundo y 2) Celebrar que ayer me pillé en DVD la cuarta temporada de Cheers.

lunes, 1 de agosto de 2005

El coloso en llamas

Como a todos los sádicos a mí me gusta (mucho) el cine de catástrofes. Me gusta (bastante) ver sufrir a los demás. Lo que no me place en absoluto es ser yo el protagonista de ese tipo de pelis.

Hoy se me ha caído la estantería que alojaba mis cd's desde la "s". Un gran drama personal, una catástrofe, sin duda. ¿Lograré ponerlo todo en orden en un solo día?. ¿Me hará falta, como me temo, todo un fin de semana para completar la misión de manera satisfactoria?.

No estoy exagerando. Son estos contratiempos de grado medio los que nos hacen miserables de verdad. Las tragedias de grandes proporciones nos ponen a prueba y, por lo tanto, algo aprendemos, en el peor de los casos, o algo ganamos, en el mejor. Pero ordenar alfabéticamente unos cd's sólo te hace la vida menos incómoda (la vida nunca es cómoda, ¿sabéis?).