En las entrañas de un cadáver

La semana pasada me cité con Lourdes para cagarnos en el puto Yoda. Me propuso quedar en el Madrid Rock. Supuse que la cita era delante del edificio que había albergado el Madrid Rock en la Gran Vía. Llegué tarde y Lourdes no estaba (luego diría que había aparecido mucho antes, pero no me lo creo). El hecho de que las 8 menos cuarto se convirtieran en las 8 y cuarto no tuvo nada de particular. Lo que sí me sorprendió fue que el Madrid Rock aún estuviera abierto.


Algunos de los mejores momentos de mi vida los he pasado en una tienda de discos. Concretamente en el Discoplay que estaba en la Calle Hernani, cerca de El Corte Inglés de Castellana y de la plaza de Cuatro Caminos. Como no tenía un puto duro me pasaba las horas viendo discos que no podía comprar pero que me apuntaba mentalmente de cara al futuro. La técnica era la siguiente. Entraba en el local con un par de títulos en la cabeza y me ponía a buscarlos, pero sin perder la vista todas las baldas por las que pasaba. Antes de llegar a mi objetivo chequeaba muchos otros discos. Estamos hablando de una época en la que el vinilo aún dominaba en España por lo que este método visual era muy efectivo. Obvio es resaltar que la portada de un vinilo te entra más por los ojos que la de un CD. Podía estar horas y horas. Al final me gastaba todo el dinero que llevaba encima, estuviera previsto así o no.


Cuando cerró el Discoplay de Hernani a principios de los 90 a nadie pareció importarle demasiado. Debió ser por aquella época, no recuerdo si un poco antes o un poco después, cuando Madrid Rock abrió su tienda en Gran Vía, esa misma que está cerrando ahora. Parece ser que esta vez sí que ha habido gente que se ha tirado de los pelos. Claro, es que ahora "la música se muere"(Nota: lo escrito entre comillas debe leerse en tono burlón para ser comprendido perfectamente).


El jueves pasado paseé por el interior del Madrid Rock. Ya sólo queda la morralla. Las estanterías están casi vacías. A pesar de que todos los títulos está rebajados a mitad de precio no me compré nada. Utilicé mi vieja técnica de caminar mientras miraba de reojo, pero sólo llamó mi atención un disco de Beverley Craven.

El chaval que iba al Discoplay de Hernani se lo hubiera pillado.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Antes de nada decir que me ha emocionado mucho lo de Beverley Craven, cantante nacida en Sri Lanka y que en 1990 con su primer disco me produjo una gran impresión (concretamente 2 #1, no diré donde), lamentablemente desapareció poco después del panorama musical.

Yo iba con Vencido al mismo Discoplay, de hecho hacía exactamente lo mismo que él. Una de las cosas más flipantes es que hace relativamente poco me puse a escuchar el ...but seriously de Phil Collins y la caja del CD tiene todavía esa pegatina imposible de quitar del Discoplay(por cierto costaba 2099 ptas/ 12,60 €)y me puse a recordar la tienda y me acordaba no sólo exactamente del sitio donde estaba colocado, sino que recordaba cómo estaban dispuestas las secciones y lo que había en ellas. No es que tenga una memoria prodigiosa (para algunas cosas sí) lo que pasa es que pasábamos tanto tiempo en esa tienda, que nos terminábamos aprendiendo cada una de sus baldas de memoria.

Hoy en día no me acuerdo cual fue el último disco que compré en una tienda (el 99% de los discos me los compro en los difrentes Amazon), aunque sé que fue más o menos por febrero, pero no sé exactamente cuál fue, ni donde.

Te entiendo perfectamente Vencido, el chaval que iba al Discoplay sabría qué disco, en qué sección y dónde se lo había comprado sin dudarlo.
djflow ha dicho que…
¡Jodó con los abuelos!

¿Qué os puedo contar del Discoplay de Hernani? Teniendo en cuenta que en 1990 yo empecé a currar en la Agencia Efe (Espronceda 32), adivinad dónde iba a gastarme los primeros sueldos antes de irme a tomar copas. Cierto es que yo por aquellas épocas (la tienda yo creo que la cerraron como en el 92) ya me compraba casi todo en CD.

Recuerdo las interminables charlas con algunos dependientes, que eran casi tan fanáticos de la música como yo, y los días de "hoy me voy a comprar la discografía completa de..."

Un día creo que me gasté 20 taleguitos de tirón. También allí me compré dos discos que marcaron definitivamente mi tránsito al indie: "Ritual de lo habitual" de Jane's Addiction y "Doolittle" de Pixies. Curiosamente ambos en vinilo.

Reivindico también otra tienda "alternativa" y cercana (en Modesto Lafuente, no recuerdo el nombre) en la que adquirí todos los vinilos que publicaba Triquinoise (Vamos A Morir, Ebria Danza, Cerdos, Amor Sucio, Corcobado). Tienda en la que tuve en mis manos todos los discos de Mar Otra Vez (ahora piezas absolutas de coleccionista) ¡y no compré ninguno!

Ustedes que son del barrio quizá sepan como se llamaba esa tienda, me ahría ilusión recordarlo.