El Arte

Aprendí a jugar al mus un día indeterminado de enero del año 91. Fue en el bar de la antigua Facultad de Derecho de la Universidad Autónoma de Madrid. Como toda la gente decente pronto me dí cuenta de que la verdadera fuente de conocimientos jamás se encuentra en las aulas. Especialmente, en una carrera de letras, donde el acento está en cosas más intangibles que en las de ciencias. Recuerdo con mucho cariño esos cafés con leche en vaso, esos bocadillos de tortilla, esas conversaciones interminables sobre asuntos realmente graves como el fútbol, la política y las tías. Y sobre todo mi memoria me trae imágenes de épicas partidas de mus y/o pocha cuyos vestigios aún pueden encontrarse en mi archivo privado. Puedo afirmar solemnemente que construí gran parte de la persona que soy en aquel garito.


El viernes pasado terminó la temporada para Estudiantes. Como siempre acabamos en el Bar El bloque de Ávila, establecimiento señero de la barriada de Carabanchel. En esta bitácora ya he cantado las excelencias del "bar español" así que para hacer una foto fiel del Ávila bastará con decir que ésa es su categoría, la de "bar español". La noche no fue muy larga y tampoco hubo que lamentar problemas derivados de una generosa ingesta de bebidas de cierta graduación alcohólica. Pero sí hubo un encuentro destacable, el que tuvimos con Roberto Mejía Ruiz, un pintor, bohemio de manual, parecido a Raimundo Amador. Una noche, muy oscura y muy confusa, me pasó su tarjeta, en la que podemos leer su lema.

"La independencia personal, tanto en la expresión como en la aceptación o el rechazo de lo esperado, he aquí el principio decisivo de aquellos que se esfuerzan en revivir ese cadáver en descomposición que es el ARTE".

Sí, es tremendista y excesivamente barroco, casi rococó. Pero mola lidiar con una cosa como ésta cuando no estás seguro de poder pagar todo lo que has consumido.


Terminé la carrera en 1996, pero todavía sigo yendo a los bares. Allí se encuentra la Verdad. En la cantina de la antigua Facultad de Derecho o en el Ávila, tanto da.

Comentarios

Barrejon ha dicho que…
Ciertamente, muchacho. No así en el Pepe Botella, donde sólo se pronuncian amables y brillantes mentiras.
Vencido ha dicho que…
No conozco una verdad más resplandenciente que una mentira dicha en un bar.