"Cuando se come no se habla"

Esta mañana he ido a la Universidad Autónoma de Madrid con objeto de encontrar la mejor manera de volver a ser estudiante, aunque sólo sea a tiempo parcial. Esta fácil misión ha fracasado por dos motivos:

1. La dictadura de mi horario laboral, que ha limitado el tiempo disponible para esta actividad.

Y 2. Mi aturdimiento, provocado por un súbito recuerdo de mis andanzas universitarias allá por principios (y mediados) de los años 90.


El resultado de esta confluencia de factores ha sido que he terminado en el bar de la antigua Facultad de Derecho. El café era tan asqueroso como recordaba.

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Hace un rato he compartido mesa y mantel, (bueno, sólo mesa para ser más exactos), con mis, por poco tiempo ya, compañeros de trabajo. Extrañamente, la mayor parte de la comida ha transcurrido en un absoluto silencio en el que sólo he acertado a pensar la frase que da título a esta entrada.

Inmediatamente, la memoria me ha llevado a un bar cercano a la calle Ramón y Cajal donde me tomé una riquísima carne de matanza un día cualquiera del 91. Ése fue el primer momento de mi vida universitaria en el que mis orejas dejaron de registrar palabras pronunciadas por un ser humano. Fueron más de dos años de incontrolada, ininterrumpida e inútil verborrea ajena y propia.Tras un minuto y medio de tregua, de paz, mi amigo David aka Gass-man, dijo:

"Cuando se come no se habla".


NOTA: Con este texto sólo he querido divertirme un poco inventándome algo que tiene tanto de verdad como de mentira. Entendedme, dentro de unos minutos estaré escribiendo cosas como "es el momento más dulce en la carrera de Shakira" o "Los Peces han entrado, con su homónimo disco de debut, al 30 de la lista de Superventas España".

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