Casetas

Me consta que alguno de los lectores de este bloj se ha ganado la vida detrás de una barra hace no demasiado tiempo. Estoy seguro de que él convendrá conmigo que poner copas o cañas o capuccinos al público en general es un trabajo de lo más enriquecedor. En una sola noche te puedes encontrar una galería de personajes digna de cualquier obra de ficción.

Esta afirmación viene a cuento para hacer una crónica de mi fin de semana.

Las noches del viernes y el sábado he estado trabajando en la caseta que Radio Utopía ha puesto en las fiestas de San Isidro de Alcobendas. El primer día coincidió con la celebración del XIII Festival Alternativo de Radio Utopía. Tocaban Muletrain, a los que me tocó presentar, algo que se me dió muy bien, la verdad. La mejor frase de mi speech, vomitada a ritmo de predicador baptista, se la robé al guitarrista del grupo, mi amigo el Sueco, pero éso no resta valor a mi destacadísima actuación. 30 minutos después Muletrain dejaban el escenario en medio de un fenomenal acople y tras un concierto en el que se mostraron tan impíos como parece que son siempre. El Sueco fue un calco perfecto de Jack Black en el comienzo de "Escuela de Rock".

En total, esa noche curramos unas 20 personas para que todo saliera bien. Unos 10 en la caseta y otros 10 en la producción. De todos ésos, sólo 2 terminamos sabiendo al irnos, a eso de las 4 y media de la mañana, dónde estaban nuestras piernas. Los demás acabaron de rodillas. Fue impresionante. Según me contó el insigne Metalkas (el otro que consiguió mantenerse sobrio), la recogida de equipos fue dantesca, con los compañeros dando tumbos echándose instrumental pesado a los hombros.

La ventaja de servir copas en una caseta como la de Radio Utopía es evidente. Puedes beber todo lo que quieras. Eso debieron pensar mis compañeros del turno de noche, que se chuzaron por lo menos en igual medida que los chavales a los que envenenamos con el suave bouquè afrutado del Kalimotxo que venimos sirviendo desde hace ya muchos años. Eso trajo como consecuencia que se dieran escenas muy divertidas.

Se nos fue la luz, y con ella la música, durante 20 minutos. Pero a la gente le dio lo mismo. El ritmo de venta del alcoholazo siguió siendo altísimo y nadie pareció darse cuenta de que estábamos a oscuras y de que ese murmullo que oían no era la música, sino las conversaciones de los demás borrachos.

A las 4 y 5 de la mañana apareció la Autoridad y nos conminó a que quitáramos la música. El encargado del turno, que para controlar sólo estaba emporrado, me hizo la indicación pertinente pero el abogado de la Radio, completamente mamao, nos llamó a la desobediencia civil. El encargado y el abogado tuvieron el siguiente diálogo en mi presencia:

Abogado: Bueno, la bajamos, pero no la quitamos.

Encargado: A ver, Juanjo, voy a ajercer mi estilo de liderazgo participativo...

Abogado: Que no Dani, que no,...

Encargado: ...y te pregunto qué derechos tenemos.

Abogado: ¿Derechos?. No sé, ninguno, pero pasando. Éste es el momento de poner un tema.

Extrañamente, tanto el encargado como yo dimos por buena esta explicación, a todas luces insuficiente, y le dejamos hacer. El tema en cuestión resultó ser "Rhapsody in blue", una elección atípica para un momento en el que teníamos en la caseta una gran cantidad de macarras madrileños. Imaginad por un momento la escena. Nadie reparó en que estaba sonando esa música y, sobre todo, nadie reparó en que el cd estaba rayado. Entramos en un bucle que se repetía así. Primero sonaba el famoso estribillo de la inmortal melodía de Gerswhin. Ya sabéis, "tiiiiiiiiiiii titutiti ttiit itit tut tut", y luego el reproductor emitía un sonido raro durante 40 ó 50 segundos hasta que volvíamos a escuchar el estribillo. Por fin, regresó el pitufo con refuerzos y el abogado depuso su actitud ante la perspectiva de pasar la resaca a la sombra.

El sábado noche fue más duro. Serví y serví pelotazos varios, tuve que aprender a hacer mojito y cambié varios barriles de cerveza. Cuando ya sólo quedaban cuatro gilipollas redescubriendo nuevas facetas de su amistad me dirigí a la trastienda y comprobé el número de botellas consumidas. Perdí la cuenta cuando iba por...ni me acuerdo pero era un huevo y la mitad del otro.

Parece claro que la debilidad es lo que nos hace más humanos y, paradójicamente, más fuertes.

¡Salud!

Comentarios

Barrejon ha dicho que…
Como decían en esa película, servir es el arte supremo.
RUFUS ha dicho que…
akavo de descurir este fascinante blog de la mano de una buskeda de Jardiel Poncela (uno de mis dioses partikulares).

menudo tesoro urbano.


les seguire la pista

nunca trabaje detras de una barra, nunca servi una copa y creo que tener mascotas en casa conyeva una gran responsabilidad.

salut i republika bananera