La solución a todos los males

El pasado martes dí con la respuesta a todas las preguntas. Siguiendo una simple máxima todos los problemas que asolan nuestro atormentado mundo actual se resolverían de un solo golpe.


Sólo habría que mirar la viga en nuestro ojo y no la paja en el ajeno.


Me explico.
El martes entraba en Madrid por la A-6. Había un poco de atasco, pero no tenía prisa. Estaba parado, aguardamdo pacientemente para reiniciar mi marcha. Entonces, el coche de delante empezó poco a poco a desplazarse hacía mí. Era la segunda vez que me pasaba en este 2005. Flipando en colores, empecé a pitar pero, igualmente, se produjo el impacto. Fue a muy baja velocidad con lo que no me hizo faltar bajarme para comprobar si había sufrido algún desperfecto. Como no soy rencoroso, pasé totalemente de enfadarme y de montar número alguno. Sobre todo, teniendo en cuenta que el conductor del otro coche me hizo un gesto que yo interpreté como una petición de excusas. Estaba equivocado.

Me puse a su altura sin darme cuenta y me volvió a hacer un gesto. Era un niña muy pija y algo monilla con pinta de no haber llegado a la cincuentena de kilómetros tras el volante. Esperaba que se dirigiera mí en tono conciliatorio. Por el contrario, ésto fue lo que me dijo (con muy mala leche):

"Ahora mismo te vas a parar y vamos a fijarnos en el golpe que me has dado".

A lo que yo contesté:

"No me toques los cojones y tira p'alante que has sido tú la que me has dado a mí".

Como bajé la ventanilla y la ignoré ya no pude escuchar qué más sandeces salían de su boca. La muy soplapollas todavía debe pensarse que fui yo quien la dí el cate, cuando lo que había pasado era que no estaba pisando el pedal del freno, algo aconsejable cuando estás parado en una rampita, por leve que sea. Pero es más sencillo echarle la culpa a otro y no aceptar ante sí misma y ante los demás que ha metido la gamba.

Pienso que esta actitud es una epidemia crónica en la sociedad mundial. Si la elimináramos otro gallo nos cantaría.

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