La gran cita

Esta mañana me siento como si ayer hubiera podido al fin quedar con una chica a la que llevara mucho tiempo tratando de arrancarle una cita. Con la diferencia de que no me siento decepcionado al día siguiente, que es lo que casi siempre ocurre en estos casos. Claro que yo no había quedado con ninguna criatura de voz aguda sino con mi grupo favorito de rock. Desde que allá por el año 97 cayó en mis manos esa barabaridad llamada "Being there" (1996), he estado deseando ver a Jeff Tweedy y sus compinches en vivo. Era casi imposible que colmaran mis expectativas, amplificadas por años de espera. Pero lo lograron.

La llegada al Aquaung estuvo presidida por los malos presagios. No hice más que encotrarme con gente que no deseaba ver como Diego A., Alcanda o Juan Aguirre (Amaral). E incluso ví a algún enemigo de noches de basquet y copas. Los teloneros, Sunday Drivers, estuvieron muy mal, parecía como si no huberan probado antes del concierto, algo que no me extrañaría lo más mínimo.

A eso las 21.30 y sin ningún tipo de pompa, Wilco se hicieron presentes en el escenario. La música de continuidad no había parado y las luces no se habían apagado. Por fin se colocaron en sus puestos y atacaron "At least that's what you said", el tema que abre "A ghost is born"(2004) y que contiene uno de los guitarrazos más profundos de la historia del rock. Sonaba muy bien, quizá la batería y el bajo un poco apagados, pero es posible que eso se debiera a que me encontraba demasiado lejos de los altavoces.

La primera hora y pico fue un repaso exhaustivo de "A ghost is born" y "Yankee Hotel Foxtrot" (2002). Por lo tanto, la gran mayoría fueron canciones que apenas llegaban al medio tiempo y de estructuras complejas como "Ashes of american flags" o "Muzzle of bees". En esta parte del concierto la banda demostró que domina como nadie el concepto de ruido. Son capaces de usarlo como argumento, en las tormentas sonoras con las que coronaban muchas de las canciones, o como matiz, con esas perturbaciones en planos alejados que abundan en sus dos últimas obras de estudio.

Cuando salieron para el primer bis, la cosa cambió radicalmente. Abrió fuego "Misunderstood", con un ropaje más convencional que en el disco pero, también, claramente más arrebatador. Después siguieron "New Madrid", como un guiño a nuestra ciudad, y "California Stars", otra de mis favoritas, incluida en "Mermaid avenue" (1998), uno de los discos que grabaron junto a Billy Bragg con letras del gran Woody Guthrie. Estaba claro que el tono había cambiado, ahora era más country-rock, más Americana, y por eso sonaron canciones tan vivificantes, en cuanto a sonido, como "Outtasite (Outta mind)" o "Monday".

Quedan fuera de esta visión simplificadora la terroríficamente divertida "Kingpin" o la canción de amor definitiva,"Reservations" (anoche me dí cuenta de que hubiera sido una letra perfecta para Sinatra), que Jeff cantó implicado de una manera increíble. Es complicado encontrar un grupo con tal cantidad de obras maestras. Son un poco lo que Billy Wilder al cine, casi no tienen manchas en su curriculum.

Ayer amaneció un día gris y lluvioso, exactamente igual a otro en el que asistí a la otra gran cita que no me decpecionó, la del último concierto de 091 en Madrid.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Ya, pero donde estén MULETRAIN...