Adictos al drama

Cuando Paquito recibió la llamada del más allá yo tenía 5 años. Por lo tanto, fui uno de esos niños que creció con la imagen positiva que palabras como "democracia", "diálogo", "libertad" y otras tenían en el subconsciente colectivo de aquella época. Asimismo, lo que ahora llaman "concepto de España" era algo casi inexistente.


Esta mañana he escuchado a algunos oyentes de la COPE quejarse amargamente de la sesión de ayer en la Cámara Baja. Uno despreció completamente a ZP porque ayer "dialogó". Lo dijo como si dialogar fuera algo malo en sí mismo, como si hubiera matado a alguien. También expresó su asco a lo que él llamaba "equidistancia".


Lo que le pasa a esa parte de la sociedad de la que forma parte ese seguidor de Jiménez Losantos es que se deja llevar por el aroma de las palabras, pero no por su contenido, sobre el que jamás reflexiona. Pasa un poco igual que cuando en la España de la transición se invocaban términos como "democracia", "diálogo" o "libertad". Los que las utilizaban parecían entender que eran casi mágicos y que sólo con pronunciarlos se terminaba toda discusión y/o debate. En 2005 pasa lo mismo con expresiones como "concepto de España", "huir de la equidistancia", "la constitución" o "el victimismo de los nacionalismos periféricos".


Sólo hay una diferencia, pero es esencial. Hoy ese uso del lenguaje sirve para introducir drama donde hay problemas. Quizá también para distraer la atención de otros problemas. Acaso para marear la perdiz sin detenerse a analizar los por qués y sus posibles respuestas.


Paremos un poco. Hagámonos adictos al diálogo "ligeros de equipaje". No convirtamos una teleserie en un telefilm.

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