Boda en La Plata

Un hombre de treintaytantos sale de una casa de la calle 38 de La Plata. Su cara denota una honrosa resaca y está vestido de traje, pero con la corbata en el bolsillo. Camina una cuadra, o una manzana, y llega a una plaza. Allí coge, o agarra, un taxi donde hablará de fútbol y de coches. Son las 11 de la mañana del domingo 9 de enero y hace un calor húmedo muy molesto.

Esta escena parece el epílogo de una noche gloriosa. Pero no había sido así.

Ese hombre de treintaytantos había dormido en un sillón apenas 3 horas. Llegó a las 7 de la madrugada tras pasarse unos 120 minutos en Urgencias. Fue allí para verificar que su tía sólo se había roto la muñeca en la caída que sufrió en la celebración de la boda de su hija. Es decir, de la prima del hombre de treintaytantos. Si sumamos a esto que cuando llegó a la casa de la calle 38 de La Plata se encontró al mejor amigo de la novia tirado en el patio, desmayado y con restos de lo que parecía sangre en la boca, se podría pensar que fue una noche de terror.

Pero tampoco había sido así.

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Ya veo que ha sido una celebracion "interesante" en acontecimientos

un abrazo

Fray
RED PRIAPO ha dicho que…
Ya me lo estoy imaginando... el mejor amigo de la novia interrumpiendo la boda para decir que la amaba, que no cometiera el error de su vida. El bestia del novio, golpeándole hasta hacerle sangrar. La señora separandoles recibió lo peor. El tipo de treytantantos, arreglando los platos (en este caso, los huesos) rotos. Siempre pierden los mejores.
Vencido ha dicho que…
Carismático líder, tu imaginación es sumamente calenturienta....
Anónimo ha dicho que…
Yo más bien me imagino a un tipo que bebe como un cosaco el día en que pierde definitivamente un "pudo ser".
Finge alegría, porque coño, es una boda, pero lo que le apetece es romper la pared a cabezazos, o viceversa.

Y a las tantas de la mañana, a la hora de entrar en una casa y ponerse a dormir, como si fuera otro fin de fiesta más, le agarra una depresión asquerosa y se queda mirando amanecer en el patio, sentado en el suelo como un mendigo, hasta que cae redondo.

La sangre en la boca no tendrá un origen siquiera mínimamente heroico. Porque esa es la tragedia del segundón: no ser un trágico.
Vencido ha dicho que…
Joder, que sólo era un borracho, no nos hagamos líos...