A la atención de la hija del banquero

Pudo haber sido y no fue. Te deseo toda la suerte del mundo.



Nada debo agradecerte, mano a mano hemos quedado,
no me importa lo que has hecho, lo que hacés, ni lo que harás,
los favores recibidos creo habértelos pagado
y si alguna deuda chica sin querer se me ha olvidado en la cuenta del otario que tenés se la cargás.

(...)

Y mañana, cuando seas descolado mueble viejo
y no tengas esperanzas en el pobre corazón,
si precisás una ayuda, si te hace falta un consejo,
acordate de este amigo que ha de jugarse el pellejo "pa" ayudarte en lo que pueda cuando llegue la ocasión.

"Mano a mano" (extracto) - Enrique Santos Discépolo

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