Juegos

El billar


En el periodo que va desde el año 87 hasta el 90 me consideraba a mí mismo un gran jugador de billar americano, concretamente de la especialidad de Pool Bola 8.

Era, y recalco lo de "era", verdad.

Durante ese tiempo me pasaron muchas de las cosas que ocurren en las comedias teen americanas. Sobre todo, ésa que estáis pensando.

Pero yo creo que donde me hice hombre de verdad fue jugando al billar por dinero en el pub Taxi. Para ser bueno a este juego hay que ser preciso, tener control de uno mismo y ser capaz de resolver problemas que ni te podías imaginar. Además, yo era un adolescente con granos que medía sus fuerzas con gente que le llevaba muchos años, por lo que aquello fue una especie de cursillo acelerado de madurez.

Las partidas con María me han devuelto aquellos gloriosos tiempos.


El pádel


Ayer me fundí 90 euros en una raqueta de pádel. Hoy jugaré por segunda vez en mi vida a este deporte tan justamente estigmatizado.

¿Lo hago para epatar?

Quedaría bien si dijera que sí.

Pero el caso es que me gusta jugar al pádel. La razón por la que lo juegan los pijos es porque es el deporte perfecto para los no deportistas. O sea, exactamente el mismo motivo que me llevará a vestirme de corto esta noche en una urbanización de Mirasierra.

Pero no os preocupéis, esto no significa que vaya a votar al PP.


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