Jefes

Llevo pensando en escribir sobre los jefes desde hace mucho tiempo. La razón por la que no lo he hecho hasta ahora tiene que ver con mi muy ajetreada vida emocional. Como esa tormenta parece que ha amainado definitivamente puedo decir con orgullo que ya he recuperado esa informe masa gris que llamo mi cerebro.

El cerebro. Uhmmm, curioso órgano humano. A casi todos nos sirve para realizar las más diversas labores, desde la más sencillas hasta las más complejas. A los jefes les sirve para hablar en abstracto y cambiar de opinión cada 15 días.


Cuando entras en un despacho de un jefe para plantearle un problema concreto como, por ejemplo, que se ha acabado el papel de la impresora, te responde algo muy parecido a:

"Si la persona responsable de esto hubiera hecho su trabajo, no tendríamos este problema. Busca a esa persona y que lo resuelva"

Cuando le respondes que ya lo has hecho y que el problema es que el jefe no le ha dado la pasta para comprar papel, lo que contesta es:


"Joder, ese es el problema de esta empresa. No hay imaginación, tengo que estar encima de todo".

Y el papel de la impresora sigue sin ser repuesto.


Pero, siendo esto malo, aún es peor las pocas veces que concretan algo. Como necesitan vivir en la indefinición para que se coman el marrón los curritos, siempre "matizan" cuando dicen algo tipo:


"El color de las cortinas tendría que ser azul"


No falla, en la siguiente reunión el jefe siempre sale con una ocurrencia de esta clase:


"El color de las cortinas tendría que ser azul, pero si fuera rojo cumpliríamos mejor nuestro objetivo".

Y se queda tan ancho.


Ni que decir tiene que yo sería un gran jefe. Me sale tan natural eso de hablar en abstracto y contradecirme...

Comentarios

Anónimo ha dicho que…
Sí, pero no tienes miedo escénico, y eso te coloca por encima de ellos.