Comerse el tarro

No tiene nada que ver con reflexionar acerca de algo, sino con dar vueltas sin sentido alrededor de un concepto. Parece lo mismo, pero no lo es. En dosis bajas sólo trae como consecuencia una cierta pérdida de perspectiva, perfectamente subsanable si uno deja de comerse el tarro y, por ejemplo, se embrorracha. Pero cuando las cosas se ponen un poco más serias, las consecuencias son devastadoras.



Por eso, he decidido que somos amigos. Oficialmente, eso es lo que da a entender y además, nadie, ni siquiera yo, ha planteado otra cosa. "Quiero que las cosas fluyan", dijo y estoy de acuerdo. Lo que tenga que fluir, que fluya.


Como ella crípticamente dijo, "por el ojalá". Pronto sabré a que se refiere. Me imagino.



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