Sí, ayer debía haberme puesto a escribir este texto. Porque ayer venía emocionado de ver lo que había visto. Lo pensé, incluso pergeñé estructura, título y extensión. Al final no lo hice porque... se me olvidó. Al día siguiente, o sea hoy, ya no tengo el nivel de excitación de hace unas horas. Aún así, ¡qué coño!, voy a poner negro sobre blanco mis impresiones.
Ayer por la tarde fui a los Kinepolis a ver en pantalla grande, VO y en digital, el documental "This is it" (no confundir con ese disco venido a menos que es "Is this it", el debut de los desfasadísimos Strokes). Hay muchos motivos para poner a parir la supuesta operación comercial que algunos creen que es "This is it". A mí me da lo mismo. No sé si es un docu drama, si es cinema verité o un burdo "sacacuartos". Me la suda. Lo único que sé es que Michael Jackson bailando y cantando en plano general es algo digno de verse. Aunque tuviera 50 años y no fuera el de la fiesta de la Motown del 83.
Hay otros detalles que me gustaron mucho. La profesionalidad de Michael, por ejemplo. Él era el único que ensayaba con ropa de escenario. El único que no se quedaba sin aliento al final de los números. Me encantó el brillo de sus ojos, a veces ocultados por unas gafas de sol. Y esa manera de controlar todos los detalles con educación, cariño y talento.
Michael fue muy grande. Es lo que queda después de ver "This is it". Ayer acabé igual que cuando sales de ver una faena cumbre en Las Ventas y te pones a pegarle naturales a las farolas. La diferencia es que yo me puse a hacer el moonwalk en un estado de híper excitación. Quizá por eso se me olvidó escribir ayer esta entrada, que es cuando tenía que haberla compuesto.
martes 10 de noviembre de 2009
jueves 5 de noviembre de 2009
La respuesta
Tras varios años, y varias entradas, buscando la solución a la paulatina destrucción de la industria de la música tal y como la conocemos, puedo afirmar que ya la ha encontrado. Como siempre, la salida es conceptualmente sencilla, aunque con una difícil traslación a lo práctico.
He estado leyendo el Rock de Lux de noviembre de 2009, un número especial que hace un repaso a la década que agoniza. Entre listas arbitrarias de mejores discos, mejores singles, mejores películas, etc,... había un artículo que reflexionaba acerca de la implosión del mercado discográfico. Es un texto que no aporta nada nuevo. No se atreve a dar soluciones y sólo logra acumular datos escalofriantes que explican el estado de la cuestión.
Creo haber entendido la naturaleza del dilema que tenemos planteado. Llevamos desde los tiempos de Napster tratando de anticiparnos al futuro. Estos últimos 10 años, más o menos, han estado plagados de sentencias que nos parecían muy acertadas y que luego han sido sobrepasadas por la realidad. Todos los años se dice que al CD le quedan dos telediarios y, de momento, sigue aquí. Me he cansado de oir que el hip hop es el más dinámico de los estilos. Lástima que, por lo menos en España, sus principales representantes den síntomas de cansancio. Podría seguir...
Vivimos en el futuro y no somos capaces de sobrevivir al presente. Ahí está la clave. Para reflotar a la industria de la música hay que pensar en qué es lo que quiere el público hoy, en 2009. No en 2015, no en 2012, ni siquiera a un año vista. Si hoy salvamos el día, estaremos preparados para mañana.
Sencillo. Fácil de entender. Complicado de poner en práctica. Hay mucho dinosaurio en los puestos jerárquicos de la industria. Quizá una nueva generación de jefes sea más práctica y permita poner en práctica la sencilla fórmula que acabo de proponer.
He estado leyendo el Rock de Lux de noviembre de 2009, un número especial que hace un repaso a la década que agoniza. Entre listas arbitrarias de mejores discos, mejores singles, mejores películas, etc,... había un artículo que reflexionaba acerca de la implosión del mercado discográfico. Es un texto que no aporta nada nuevo. No se atreve a dar soluciones y sólo logra acumular datos escalofriantes que explican el estado de la cuestión.
Creo haber entendido la naturaleza del dilema que tenemos planteado. Llevamos desde los tiempos de Napster tratando de anticiparnos al futuro. Estos últimos 10 años, más o menos, han estado plagados de sentencias que nos parecían muy acertadas y que luego han sido sobrepasadas por la realidad. Todos los años se dice que al CD le quedan dos telediarios y, de momento, sigue aquí. Me he cansado de oir que el hip hop es el más dinámico de los estilos. Lástima que, por lo menos en España, sus principales representantes den síntomas de cansancio. Podría seguir...
Vivimos en el futuro y no somos capaces de sobrevivir al presente. Ahí está la clave. Para reflotar a la industria de la música hay que pensar en qué es lo que quiere el público hoy, en 2009. No en 2015, no en 2012, ni siquiera a un año vista. Si hoy salvamos el día, estaremos preparados para mañana.
Sencillo. Fácil de entender. Complicado de poner en práctica. Hay mucho dinosaurio en los puestos jerárquicos de la industria. Quizá una nueva generación de jefes sea más práctica y permita poner en práctica la sencilla fórmula que acabo de proponer.
lunes 26 de octubre de 2009
Vienen a por nosotros
Por primera vez en la vida, me siento un indie químicamente puro. El otro día, un conocido periodista me dijo que el indie empezaba a estar de capa caída porque el sector de población que lo había hecho posible ya pisaba el territorio de los cuarentones. Tiene toda la razón. Ese hecho biológico hace que el entusiasmo se apague y que entre en escena el cinismo más o menos amargado. Lo que me molesta es que lo decía con un tonillo de satisfacción. En el fondo, era una manifestación más de su mediocridad. Me veo en la obligación de apuntar el hecho de que este periodista acostumbraba a equivocarse en sus crónicas con las canciones de los conciertos que iba a cubrir. Utilizo el pasado porque, por prescripción facultativa, hace más de una década que no leo nada suyo.
Exactamente igual que el capitán Butler cuando cae Atlanta en "Lo que el viento se llevó", así me siento yo. A Rhett Butler se la sudaba la Guerra Civil Americana hasta que esta se decantó por el Norte. Entonces declaró que sólo en ese momento valía la pena apuntarse a la causa del Sur. En los 90 yo fui anti indie, en cierto modo. Ahora que está cerca de desaparecer, me apetece sentirme un talibán de lo indie.
Hay dos razones. Existe una cuestión generacional, clave para mí. No quiero que vuelvan los popes de la movida. Bastante viven del cuento ya. Por otro lado, es cierto que aquella escena (el indie) fue bastante raquítica, y también es cierto que lo poco excitante de verdad que ha habido en el pop español desde que Poch dejó Derribos Arias ha sido el indie noventero.
Es el momento de reivindicarlo, de mantener vivo su legado. Los buitres sobrevuelan nuestras cabezas. Es tiempo de resistencia.
Exactamente igual que el capitán Butler cuando cae Atlanta en "Lo que el viento se llevó", así me siento yo. A Rhett Butler se la sudaba la Guerra Civil Americana hasta que esta se decantó por el Norte. Entonces declaró que sólo en ese momento valía la pena apuntarse a la causa del Sur. En los 90 yo fui anti indie, en cierto modo. Ahora que está cerca de desaparecer, me apetece sentirme un talibán de lo indie.
Hay dos razones. Existe una cuestión generacional, clave para mí. No quiero que vuelvan los popes de la movida. Bastante viven del cuento ya. Por otro lado, es cierto que aquella escena (el indie) fue bastante raquítica, y también es cierto que lo poco excitante de verdad que ha habido en el pop español desde que Poch dejó Derribos Arias ha sido el indie noventero.
Es el momento de reivindicarlo, de mantener vivo su legado. Los buitres sobrevuelan nuestras cabezas. Es tiempo de resistencia.
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