lunes, 6 de junio de 2016

Tobillos finos

Se lo dije un día, hace muchos años, como si fuera algo que llevara observando cuidadosamente durante un tiempo prolongado. Es curioso, en realidad no quería dar esa imagen de fiel devoto. Mi método de seducción suele consistir en exhibir cierta distancia “cálida” que supongo que resulta misteriosa y atractiva. Lo suelo emplear para sentirme sofisticado y así ganar algo de seguridad en mí mismo.

No me suele funcionar.

La dije que siempre llevaba pantalones y que sus tobillos eran finos. Quería dedicarle un piropo elegante y le hablé de una parte de su anatomía que no había visto nunca. No sólo eso, jamás me han atraído los tobillos. Me suelen parecer muy feos, quizá la parte menos hermosa del cuerpo humano. Me fijo mucho en las rodillas o en los hombros. Me suelen motivar mucho las axilas de  mujer con algo de pelo, por el recuerdo de una chica francesa de preciosos y pequeños pechos que me devolvió una pelota de playa con una sonrisa cuando yo tenía 15 añitos y ambos nos bañábamos en el Mediterráneo. Estoy viendo la imagen ahora mismo. Era morena, pelo rizado, piel tostadita… Si esta tarde me la encuentro por las calles de Madrid no la reconocería. Jamás hablé con ella. Me pasó la pelotita, me sonrió, me permitió mirarla. Algo se movió dentro de mí. Un amigo suele decir que él empezó a admirar a las mujeres cuando escuchó a Sinatra cantar “The shadow of your smile”. Yo entendí que hay algo profundo en el placer sensorial cuando aquella veinteañera me dedicó unos segundos de su vida. Hay algo ultraterreno en lo más terreno. En unas axilas sin depilar.

Poco tiempo después de aquel día en que la dije que tenía los tobillos finos pude vérselos por primera vez. Era un día de calor, estábamos en una reunión de amigos y ella iba con una vestidito ligero que permitía soñar con su cuerpo. Se había puesto unas zapatillas baratas de color rojo y no llevaba calcetines. Debió pensar que era un chico un poco raro porque no dejé de observar sus lindos tobillitos en todo el día.

No hace mucho me confesó que en aquella época pensaba de mí que era un poco lelo. “Me hablabas de tobillos finos, citabas a Heráclito, rehuías todas mis aproximaciones. Creía que eras idiota. No en un mal sentido de la palabra porque me caías simpático. De hecho, hasta me gustabas”.

Desarrollé una insana obsesión por sus carcajadas, primero, y sus tobillos finos después. Era insana por irracional. Por eso la he definido así. Y porque no me llevaba a ningún lado, no me forzaba a actuar en ningún sentido. No me hacía feliz y tampoco me dañaba, sólo disfrutaba del ruido de sus risas y de lo minúsculo de sus tobillos.


Era inútil, como suele serlo la belleza. El arte por el arte, sin más significado. 

martes, 23 de febrero de 2016

Villano de una comedia romántica


Nunca entendí del todo por qué el guionista de una película tiene como máximo objetivo lograr que empaticemos con el protagonista. Yo pensaba que lo más importante es lo que decía Billy Wilder, "no aburrir". A partir de aquí se puede empatizar o no. Puedes disfrutar o pasarlo mal. Todo menos aburrir. Puedes entenderlo todo o no entender nada o entender casi todo menos lo importante.

Tras este párrafo ligeramente anarquista que, quizá, no suscriban muchos de mis amigos guionistas, voy con el matiz.

Es cierto que, en la mayoría de las ocasiones, cuando vemos una película o una obra de teatro, cuando leemos una novela, es más fácil no aburrirnos si empatizamos con alguien, normalmente el protagonista, el héroe, el "bueno". Algunas veces nos cae bien el villano y nos sentimos identificados con él. Y, en los grandes relatos, el protagonista tiene tanto de héroe como de villano. Gracias a eso, nos lo creemos. Y llegamos a empatizar con él, a identificarnos con él, a creérnoslo. En tiempos a estos personajes se les llamaba anti héroes. Cuando pienso en un ejemplo de anti héroe, se me viene a la cabeza el Ethan interpretado por John Wayne en "Centauros del desierto".

La excepción es que queramos ser el malo. Y si queremos serlo, elegiremos un malo muy bueno. Por ejemplo, Darth Vader. O un malo paródico, como los de las primeras pelis de James Bond. O, incluso, un malo que nos produzca ternura, como el Coyote (suponiendo que el malo sea él y no el puto Correcaminos. Ese es otro debate, cierro paréntesis, que me desvío).

Por muchas excepciones que hagamos existe un tipo de malo con el que nunca conectaremos, aunque sea muy bueno, paródico o nos produzca ternura.

El malo de comedia romántica.

No queremos ser el arrogante y memo quarterback popular que está con la animadora de corazón puro y piernas interminables.
No queremos ser el novio/marido con un trabajo aburrido y unas expectativas vitales mediocres que cercena las ansias de vivir de la morenaza explosiva con cerebro de Premio Nobel.

Por eso la confesión que me hizo un amigo el otro día fue especialmente dura. Me dijo que quería retirarse del amor. Me lo trasmitió de manera un poco melodramática, tarareando este estándar del jazz de los años 30.


Nat "King"Cole - I'm thru with love


¿Sabéis por qué prefiere esta balada a esta otra?


Nat "King" Cole - Let's fall in love

Por una razón elemental. Él mismo la expresó así. Transcribo de manera textual sus palabras.

"Todos queremos ser Richard Gere
en "Pretty woman". Yo también.
Pero soy el villano de esa película.
Y de todas las comedias románticas
de la historia de la humanidad"

Y se quedó tan tranquilo.

Luego lo pensé un poco y le dí la razón. En general, todos solemos ser los malos de las comedias románticas. 

Es un mundo cuyas reglas no conocemos. Si las conocemos, no las dominamos. Y si las dominamos, al final acabamos dañados, de una manera o de otra. Cuando sale más o menos bien una historia de este tipo es por una sola razón. Suerte. El puto azar.

Al final, le tengo que dar la razón a Adam Sandler. ¡Qué bajo hemos caído, coño! (Y que flaco estaba Adam Sandler en "El chico ideal").



Love stinks
Pues eso.





martes, 12 de enero de 2016

La derrota de Victor D'Hont


Llevamos años cagándonos en la Ley D'Hont, la usada para asignar los escaños en el parlamento español (y muchos otros). Yo mismo lo hice en esta humilde bitácora. La crítica es tan generalizada que ya no precisa de ninguna explicación. Como estamos en una etapa en la que el bipartidismo parece (solo parece) batirse en retirada, todo el mundo culpa al sistema inventado por el abogado belga Víctor D'Hont, especialmente desde los partidos emergentes y/o minoritarios, en teoría los más perjudicados.

Una lectura más sosegada arroja luz sobre una curiosa paradoja.

Hace más de 20 años, en la facultad de Derecho, aprendí que la Ley D'Hont se eligió para garantizar que se produjeran mayorías sin caer en un sistema mayoritario, como el de Inglaterra, donde ganes por un voto o por un millón te lo llevas todo. Esto es posible porque cada circunscripción solo elige a un representante y no a varios, como ocurre en este nuestro amado país. Pongo un ejemplo. Si en una circunscripción el partido A ha logrado 10 votos, el B 9 votos, el C 8 votos y el D 7 votos, solo obtendría representación el primero. Con la Ley D'Hont  y suponiendo que en esa circunscripción hubiera en juego 6 diputados, la cosa sería así.

El partido A lograría 2 escaños
El partido B lograría 2 escaños
El partido C lograría 1 escaño
El partido D lograría 1 escaño

Como se puede apreciar, al aplicar la fórmula de la Ley D'Hont, se beneficiaría a los partidos que han logrado más votos pero todos tendrían representación. En realidad lo que distorsiona más los resultados en términos de escaños es cuántos diputados deben elegirse. Cuanto más diputados, más proporcional será el resultado. Y también influye mucho marcar un porcentaje mínimo de votos para obtener representación. En España es el 3%.

El objetivo de instaurar la Ley D'Hont era posibilitar que se produjeran mayorías sin perder representatividad por el camino.... y ahora, tras las últimas elecciones, tanto generales como catalanas, el resultado no ha podido ser más caótico. Gracias, sobre todo, a la Ley D'Hont, que tiene en su ADN un marcado carácter proporcional.

Por lo tanto, Víctor D'Hont ha sido el gran derrotado del año electoral en España. No hay mayorías, hay escenarios sujetos a acuerdos contra natura como en Cataluña o situaciones complejas cuyo desenlace es incierto. Esto último es lo que ocurre con el resultado de las elecciones generales del 20D.

Ha sido una doble derrota. La Ley D'Hont no ha servido a su propósito y no ha dejado contento a nadie, ni siquiera al partido más votado.


Ahora, ¿qué hacemos?

No se adivinan soluciones en la lontananza.





martes, 5 de enero de 2016

El concepto ajado del R&R


Estamos en 2016. Esto podría haber valido para el comienzo de los años 70 porque entonces el rock and roll, como forma musical y como elemento de rebeldía, ya estaba muerto y enterrado. El punk trató de revitalizarlo y fracasó. Johnny Rotten se convirtió en John Lydon y se puso a hacer música gloriosamente inclasiflicable con P.I.L.

El 28 de diciembre de 2015 moría Lemmy Kilmister, el líder de Motorhead. #RIPLemmy fue TT mundial. Cualquiera que tuviera inquietud cultural se sintió en la obligación de despedir a un roquero de 70 años con una mentalidad infantil. 


Motorhead era un gran grupo de rock. Acepto que fue uno de los mejores, incluso que, dentro del esclerótico mundo de las cuerdas de acero, fueron innovadores. A mí, sin ser fan, me gustaron su velocidad, su vértigo, su contundencia. Por otro lado, siempre me hicieron sospechar todas esas camisetas con el logo que se ponía gente que no tenía un disco de Motorhead en casa. Que no tenia un disco en casa. Lo mismo me pasa con los Ramones. Ambos grupos son marcas, que han sobrevivido a sus creadores. Marcas que representan una idea que no me gusta.


¿Fue el R&R rebelde alguna vez? 


Imagino que sí. Supongo que sí.


Entiendo que fue una ruptura generacional. 

"Come mothers and fathers/Throughout the land/And don't criticize/What you can't understand/Your sons and your daughters/Are beyond your command/Your old road is/Rapidly aging". 
Bob Dylan - The times they are a-changin' (1964)

Un mundo se acabó y nació otro nuevo. No estoy seguro de que el R&R lo matara, más bien lo remató. Fue uno de los conspiradores, quizá el más joven y guapo. El que se hizo famoso, el último en llegar.


Hay muchas maneras de explicar ese nuevo mundo. Quizá la más exacta es la que proclama que hacia la segunda mitad del siglo XX la juventud pasó a ser incluida en el discurso cultural y político de las sociedades occidentales bajo la influencia estadounidense. Rebeldía inocente, el no querer ser como sus mayores. Y ahí nace el R&R, desde las filas de la contracultura. Poco tiempo permanecerá allí. Hacia mediados de los 60 el R&R entra en la corriente principal del mundo del espectáculo. Sinatra recibe a Elvis en su programa de TV, los Beatles tocan en el Ed Sullivan Show ante una audiencia bestial. Las jerarquías económicas lo aceptan y lo usan para sus fines. Con el R&R como máximo argumento se crea una sociedad de consumo específica para la juventud. Y a través de ella se transmite el valor de la libertad de derechas, es decir, el individualismo, el artista comprometido con su forma de expresión que no se casa con nadie, ni con la compañía ni con el público. Curiosamente, los que le pagan la fiesta.

El R&R termina haciendo de los excesos una forma de protesta. En realidad, a los dueños de la pirámide social les viene muy bien que la juventud se drogue y escuche rock escapista. Así no piensa, ni busca la manera de cambiar algo. Los hippies de los 60 se convirtieron en los yuppies de los 80. Eran, exactamente, los mismos.

Echemos un vistazo a los 5 mandamientos de Lemmy, tan cacareados por la prensa cultural y considerados por la mayoría como algo genial. 

1. Marlboro
2. Jack Daniel's
3. Speed
4. Strippers
5. R&R

Veamos, dos multinacionales, sustancias que te ponen agresivo y costumbres machistas. Claro, claro, hagamos la revolución con estos puntos de apoyo. Sí, es muy gracioso,... para un niño de 15 años. Beavis y Butt Head no son una parodia. Son la realidad.

Y, entonces, ¿por qué el R&R goza de tan buena prensa si es tan perverso?

Porque se lo ha apropiado el sistema. No ahora, no en el siglo XXI. Mucho antes, en los 60. Lo que no me explico es por qué las clases medias occidentales se creen que tocar R&R es ponerle las cosas difíciles al poder. Algunas bandas de R&R han cumplido, cumplen, con ese cometido. (Motorhead desde luego que no). Pero también algunos músicos de cualquier estilo y algunos artistas plásticos. Incluso, algunos políticos. Y, sin embargo, el R&R es rebeldía y la música negra de los 60, no lo es para el gran público. En realidad, el soul, en los 60, fue mucho más alternativo y contracultural de lo que ha sido nunca el R&R. Las proclamas feministas de Aretha o Nina, el empoderamiento de Sam Cooke o la Motown, la reivindicación de las raíces africanas por parte de James Brown, nada de eso tuvo el R&R. Mucho más contracultural e incómodo que el R&R fue el sonido disco, con negros, hispanos y homosexuales bailando juntos sofisticadas tonadas sobre la autoafirmación y el no dejarse pisotear. ("Punk as fuck" me dijo Nic Offer que es para él la era disco). Eso era rompedor y peligroso. Por eso duró tan poco. Los biempensantes acabaron con todo éso con las puritanas huestes del R&R como cómplices necesarios. Lamentablemente, el SIDA hizo el resto.

Y pegar un guitarrazo es, para el imaginario colectivo, una genuina muestra de inconformismo. Pues no. El mero hecho de pegar un guitarrazo no es nada per se. Puede ser radical, pudo ser radical. A la altura de 2016, las más de las veces, es retrógrado. Nada hay más antiguo que unos señores de mediana edad tocando rock clásico de guitarras.


sábado, 2 de enero de 2016

La Cara de la Noche



Inició el año del centenario de la muerte de Cervantes en una fiesta celebrada en la calle que Madrid consagró al autor del Quijote. De este dato se dio cuenta al día siguiente.

Era obvio que ese no era su ambiente. Siempre aparentó menos edad de la que tenía y pudo, según creyó, pasar desapercibido. Él sabía que él era la persona más vieja de los que se encontraban en esa grisácea madrugada en ese punto concreto del mundo. Optó por bailar, sonreír y no esperar nada.

Conoció a varias personas con las que disfrutó del momento. Siempre supo que esas relaciones iban a ser estrellas fugaces que se apagarían en cuanto terminara esa Nochevieja. Tuvo tiempo de cantar las aventuras de Alonso Quijano, el hombre que vivió loco y murió cuerdo. "La obra de un soldado", como dijo su interlocutor, fascinado por el personaje y su creador.

Todo el rato estuvo mirando por el rabillo del ojo. Rastreaba la habitación en busca de una cara, la Cara. Pertenecía a una chica alta, vestida con una falda larga y unos recios botines, lo que le daba un aspecto como de matrona decimonónica. Su pelo corto, puede que recogido en un moño, reforzaba esa sensación. Debía ser muy guapa.

Hace mucho tiempo, en el siglo pasado, un tal Jimmy Jam le habló de un concepto que desde entonces ha adoptado como suyo. La Cara de la Noche. Debía ser el rostro de una mujer bonita, el rostro de una mujer con quien estabas destinado a no hablar jamás. Ni esa noche ni ninguna. Una promesa incumplida. La belleza de lo que pudo ser.

Esa chica alta fue para él La Cara de la Noche.

Ella irrumpió en una de las conversaciones que él mantuvo. Estaba en un balcón compartiendo un cigarro de la risa con el tipo con el que habló de Cervantes (en la calle Cervantes). Intercambiaron unas breves palabras.

Se presentaron. Ella se llamaba como una ex novia suya. Y era actriz, como otra ex novia suya.

Al poco ella se fue, aduciendo que hacía frío.

Un rato después, él se derrumbó en un sillón. La fiesta había acabado. La gente se resistía a irse. Estaba cansado y feliz. A un tiempo se sentía tan desconcertado como lúcido.

La Cara de la Noche se sentó en el sillón de enfrente. Se miraron. Primero de reojo, después ya sin remilgos.

Estaban a punto de dar las doce del mediodía. Él se despidió de la gente y se retiró con toda la elegancia y dignidad que fue capaz de reunir.

Mientras caminaba por el Paseo del Prado en dirección a su coche sonó el móvil. La identidad de quién estaba llamando era desconocida.

Él tuvo un momento de duda.

domingo, 27 de diciembre de 2015

La mosca


Si ha habido una conversación en los últimos meses que se ha repetido hasta la saciedad en mi entorno ha sido la del cambio climático. Tanto en España como en Argentina he seguido el mismo patrón. Primero, sorpresa ante el exagerado calor que para esas fechas estaba haciendo. Después, un acuerdo total de que esto es una prueba evidente de que el aumento de la temperatura planetaria ya había empezado. A partir de aquí, cierta división de opiniones. Unos decían que ya era imparable, algunos defendían que estábamos a tiempo de reaccionar y otro, incluso, se aventuraba a hacerse eco de esa folklórica teoría de que nada de esto está provocado por el hombre.

Sin embargo, la evidencia más clara de que el cambio climático ha llegado para quedarse ha sido mi duelo a muerte con una mosca.

Sí, una mosca.

En diciembre.

No hace falta añadir nada más, ¿no? Una mosca en diciembre en Alpedrete, sierra de Madrid, España, Europa, Hemisferio Norte, en otoño/invierno.

Durante varios días la mosca estuvo dando vueltas por mi casa. Esa semana no abrí las ventanas porque, por la noche, en mi pueblo, sí que hacía fresquito. Y la mosca estaba en un hábitat protegido. Buena temperatura, imagino que alimento suficiente y solo la presencia molesta de un humano que, la mayoría de las veces, la dejaba vivir.

Un día me cansé de su monótono zumbido y fui a por ella.

La perseguí por el salón pero era muy rápida para mí. Se acercaba y se iba antes de que pudiera atacarla. Ese asalto fue para la mosca.

Un par de días después turbó mi sueño con su aleteo imbécil. Me desperté y volví a luchar contra ella. Esta  vez con mucho ahínco. Un par de veces estuve a punto de acabar con ella pero pudo esquivar en ambas ocasiones mi manotazo.

Segundo asalto para la puta mosca.

El tercero fue el último. Sufrió un severo KO por mi parte. Segura de su superioridad se le ocurrió molestarme cuando veía la tele. Se quedó quieta en uno de los brazos del sillón. Yo tenía una revista en la mano.

En una décima de segundo todo había terminado. El cadáver de la mosca yacía en el suelo. Había sido capaz de reaccionar a mi movimiento y levantó el vuelo antes de que revista llegara a impactar de forma directa contra ella. No fue suficiente. La rocé con la revista en el inicio de su maniobra de escape y con eso la desequilibré. Cayó, seguramente desorientada.

Y en el suelo, la rematé.

Experimenté una sensación de triunfo empañada por la asunción de que había asesinado al único ser vivo con el que he convivido en los últimos meses.







lunes, 16 de noviembre de 2015

Los malditos no lloran


DOBLE AVISO: Esta entrada va a ser larga. Es recomendable leerla mientras se escucha esta canción de Visage.



"The damned don't cry"


Los romanos dividían los días en fastos y nefastos. En los primeros se permitían todo tipo de actividades públicas y en los segundos solo de carácter religioso, lo que convertía estas jornadas en algo malo porque no se podía hacer otra cosa y tampoco se podía abandonar uno al ocio y a la molicie. Al final, lo nefasto ha quedado en nuestra sociedad como sinónimo de particularmente desgraciado.

La semana que terminó ayer fue para mí nefasta en un sentido extraño. Fue mala, de eso no cabe ninguna duda. Estuvo plagada de acontecimientos que no termino de entender muy bien. Y, sin embargo, no me ha causado un dolor profundo ni una ilusión desmesurada ni una lucidez extrema. Lo he vivido todo con calma. Una auténtica novedad en mí. No creo que sea la edad, me pasa algo que escapa a mi comprensión. No estoy seguro de que me guste ni tampoco de que me disguste.

LUNES 9 DE NOVIEMBRE DE 2015

Fue un día festivo, nefasto según la nomenclatura romana. Poca gente en la redacción y agradable tranquilidad. Esperé una llamada que no se produjo y que sabía que no se iba a producir aunque me hacía ilusiones. 

Un amigo con el que había quedado me anuló una quedada vespertina. No me importó, no tenía muchas ganas. En su lugar estuve preparando la sesión para el Prado. Me pedían hora y media y pude completar 60 minutos. Escuché una muestra en el coche, al regresar a mi hogar. Me quedé razonablemente satisfecho aunque pensé en hacer algunos cambios. Maté el tiempo con "Spectre" en los Kinépolis.

Cené, como siempre, viendo la tele. Me quedé adormilado. Al despertar, se me hizo la boca agua. Salivaba de una manera excesiva sin llegar a babear. Es una sensación desagradable. Podía tragar, eso sí. Esta circunstancia impidió que me metiera en la cama. Vi una película y un programa deportivo sin prestar atención. No me pude dormir hasta las 2 y pico de la mañana. Pensé que recuperaría el sueño al día siguiente. Estaba equivocado.

MARTES 10 DE NOVIEMBRE DE 2015  

Dormí poco y mal y me levanté con mi salivación excesiva desatada. Antes de irme consulté en internet qué podía significar. Sabía que era un error porque la respuesta sería que es cáncer, que es lo siempre ocurre cuando te metes en la red para enterarte de un problema de salud. Por lo menos supe de que lo que tenía era sialorrea. En el trabajo empezó a remitir, aunque de manera leve.

Recibí un mensaje que pensaba que podía recibir y me alegré con sordina. 

Mi rendimiento profesional fue bajo, como viene siendo habitual en los últimos tiempos. Por la tarde estuve ensayando para la función del día siguiente. Después trabajé de nuevo en la sesión del Prado.

Me acosté tarde y dormí mal. Seguía teniendo sialorrea.

MIÉRCOLES 11 DE NOVIEMBRE DE 2015

La mañana no tuvo nada de particular. La sialorrea parecía bajo control pero no desaparecía. Por la tarde, antes del ensayo general, por sorpresa, establecí comunicación con Inés, mi prima argentina. Fue ella la que tomó la iniciativa de volver a hablar. No lo hacíamos desde que me rompí las costillas, allá por primavera.

Esperé una llamada que no se produjo y que sabía que no se iba a producir aunque me hacía ilusiones. 

La función fue bien. Quería creer que una persona iba a aparecer y, como suponía (pero no aceptaba), no dio señales de vida.

Dos amigas con las que había quedado vinieron a verme después de la obra. Se tomaron algo con nosotros. Estuvo bien. Una de ellas, la que menos conozco, estuvo toda la noche hablando conmigo. Al día siguiente me harían comentarios maliciosos al respecto.

JUEVES 12 DE NOVIEMBRE DE 2015

La sialorrea no remitía lo suficiente. Dormí algo mejor y estaba de buen humor. Había elegido este día para afrontar lo que llevaba tiempo deseando afrontar. No lo había hecho antes por las especiales circunstancias del caso. Y, sin embargo, me sentía desganado. No, no tenía miedo. Era una cierta holgazanería, producto de una confiada seguridad en mí mismo. Es más que posible que no hubiera hecho ningún movimiento de no haberse producido el penúltimo giro de esta historia. Una historia que no contaré porque terminó mucho antes de haber empezado. Una historia, como todas las mías, que ha durado demasiado.

Entonces hice una llamada en vez de esperar una que no se producía y que sabía que no se iba a producir aunque me hacía ilusiones. Puse una fecha provisional para terminar con todo, sería al día siguiente, el viernes 13 de noviembre de 2015. No iba a ser luna llena. Decidí ignorar el augurio. Pensaba que las soluciones llegarían una noche en que la luna refulgiera plena en el cielo y esa no iba a ser la elegida finalmente.

Estaba optimista.

Terminé la sesión del Prado. Quedé satisfecho. Me reencontré con una bitácora que me encantaba. El Manual Inservible de Mila cerró sus puertas en 2008 y siempre lo eché de menos. Me hubiera encantado leer entradas nuevas. Me tuve que conformar con disfrutar de las ya conocidas. Fue tan bueno como tomarte una caña con un viejo amigo al que no veías hacía tiempo. (En este caso 7 años).

Fui al cine para entretenerme y me aburrí. Seguía teniendo sialorrea.

VIERNES 13 DE NOVIEMBRE DE 2015

Gran parte de la mañana me la pasé tratando de lidiar con la fase 2 del protocolo de actuación por alta contaminación. Tomé una sabia decisión. Aparqué en Carabanchel y caminé hacia el centro. A ver si se animan a cerrar el centro de Madrid de una vez. Y a ver si yo puedo volver a vivir en la capital y no en la Sierra.

Por la noche se produjo la tragedia. Bombas y tiros en París. Todo el mundo recordará la noche del viernes 13 de noviembre como la del 11-S parisino o la del 11-M parisino. Dolor, miedo, ansias de venganza, esos son los sentimientos que la gente compartió durante todo el fin de semana. Sin duda, una jornada histórica, de esas que son simplificadas en los libros de textos y tergiversadas en las películas.

Para mí, son solo hechos. No consigo que me conmuevan como a los demás.

Yo viví un pequeño drama personal la noche en la que París ardió. En realidad no fue más que un trámite. Todo estaba ventilado desde mucho antes. Yo no lo sabía con seguridad aunque me lo temiera. Certezas era, sobre todo, lo que busqué el viernes. Certezas. Y la constatación de que no hay nada más hermoso que la verdad.

Me quedo con su sonrisa al verme, el caramelo que me regaló, su mano en mi pecho, me quedo también con su mirada huidiza diciéndome un enfadado "lo siento", mi sialorrea desatada durante La Conversación, su ausencia de empatía y mi sensación de que ella prefería lo que yo no podía aguantar más.

Volví a casa resignado. Había alivio en mi paseo hacia el coche. Creo que eso fue lo que percibió el amigo con el que hablé por teléfono en el trayecto a casa. 

Me acosté hacia las 4 y pico de la mañana. Estaba desvelado. Tampoco es que le diera muchas vueltas a lo ocurrido. Triste tampoco estaba. Quizá lo que no me dejaba dormir era una especie de materia oscura. Un algo que está en alguna parte, que creo percibir sin tener una evidencia empírica de su existencia.

 A lo mejor esa materia oscura es que ya no quiero tener esperanzas.

SÁBADO 14 DE NOVIEMBRE DE 2015

La sialorrea no había terminado de desaparecer. Después de comer llegó a niveles más o menos aceptables. Entonces empecé a creerme que podría remitir de manera espontánea. Al parecer, esto es lo más normal.

Consulté el precio de un billete de avión e hice unas cuentas. Me fui al cine para pasar el rato. La edulcorada "Straight outta Compton" fue mi elección. Decliné una invitación para ir a un concierto. Nadie habló conmigo, ni en persona, ni por teléfono, ni por whattsap, ni siquiera por correo electrónico. Me dediqué a vaguear por casa, sin recoger las cosas que se caían al suelo, sin lavar los platos y sin destender la ropa.

De vez en cuando, sentí puntadas. algunas de tristeza, otras de vergüenza.

DOMINGO 15 DE NOVIEMBRE DE 2015

Por primera vez en más de una semana, dormí 8 horas de un tirón. La sialorrea estaba casi dominada. Seguí preso de una inconsciente abulia. Después de hacer unas cuentas decidí enviar un correo electrónico a Buenos Aires. En lugar de eso, empecé a escribir esta entrada. A la altura de esta frase guardé todo, cerré el ordenador, me duché y me fui a trabajar un par de horas a la redacción. Sonaba "Last dance" de Donna Summer.

Cunplí mis obligaciones a tiempo. Pude ver la carrera del GP de Brasil sin problemas. Me di cuenta de que la iluminación de mi bicicleta es pésima porque me di una vuelta cuando la noche ya había caído. Hice una gestión.

Cené de manera frugal, me tomé una infusión relajante y me fui a la cama. Estaba tranquilo.

LUNES 16 DE NOVIEMBRE DE 2015

Sin novedad en la redacción.
Hace unos minutos he comprado un billete para ir a Buenos Aires. Salgo este viernes.
Mi sialorrea casi ha desaparecido por completo.


domingo, 8 de noviembre de 2015

Hace un millón de años


Tampoco parece que haya pasado tanto tiempo. No llega a medio centenar de meses. Debió ser en un punto indeterminado de finales de 2012.  Fue un momento en el que empecé a perder amigos, un fenómeno que no había experimentado en mi vida. Sí, tuve amigos que habían dejado de serlo por circunstancias objetivas, en su mayoría cambios de residencia. Esto era diferente. Yo estaba tomando decisiones perfectamente conscientes para dejar de tener amigos. Desde entonces hasta ahora he perdido la amistad de 3 personas para siempre, la última de ellas hace un año. En el último mes hay otros dos que probablemente eleven la cuenta de ex amigos a 5. Incluso, hay una sexta persona que también podría añadir a esa lista.

Me he dado cuenta de que en cuanto he dejado de hacer esfuerzos para mantenerlas esas amistades han empezado a diluirse. Y después han desaparecido. Y no me arrepiento.

Lo extraño, lo que no termino de entender muy bien, es que no me arrepiento.

Se puede argumentar que estoy contento porque me he quitado lastres de encima. Hay una mínima parte de mí que está de acuerdo con esa afirmación. Hay otra parte que vive todo esto como una derrota. Yo creo en la amistad por encima de cualquier otra cosa. Me duele muchísimo añadir más fracasos a mi vida. Mi diseño vital está basado casi en exclusiva en la amistad. O cambio de estrategia o asumo que no está saliendo muy bien.

Y, sin embargo, insisto, no me arrepiento. No se por qué.

La teoría más plausible es que estoy ilusionado. Mi vida está mutando. Jamás he estado más preparado para los cambios como en noviembre de 2015.

Ahora sí que mando yo.

jueves, 5 de noviembre de 2015

2 años



En esta humilde bitácora está documentado de manera obsesiva que me encuentro en un periodo de transición. Y también se aprecia que eso me hace moverme por toboganes emocionales. Un día me encuentro optimista, con ganas de comerme el mundo. Unas horas después, sin un motivo aparente, unas ominosas nubes grisáceas empiezan a poblar mi horizonte.

No me preocupa, sé por lo que es. No hay estabilidad en casi ningún aspecto de mi vida. Solo en la cuestión laboral todo está claro. De momento. Ya sé que dentro de un año también habrá incertidumbre en este campo.

Llevo tanto tiempo en esta incómoda situación que estoy cansado de describirla. A mis amigos, en esta bitácora, a mí mismo. Estoy hastiado de negociar con la sensación de estar de paso comunicándolo al exterior. Funciona. A veces. Cuando el hecho de decirlo en voz alta, o de escribirlo, le resta importancia, lo exorciza.

Por supuesto que he vivido estas situaciones antes. Nunca por tanto tiempo (creo) y nunca me ha servido, como ahora, para aprender, para prepararme de cara al futuro.

He de confesar que no estoy tan seguro de querer que esta etapa se complete. En algunos momentos, en situaciones rutinarias, se apodera de mí un vértigo extraño. Es un miedo anónimo. Durante unos segundos me paraliza la idea de que esta etapa se termine. Es curioso, es muy posible que la esté disfrutando aunque no quiera reconocérmelo a mí mismo.

2 años exactos hace que empezó esta transición. 2 años exactos hace que se murió mi padre, el último familiar directo que me quedaba.






martes, 3 de noviembre de 2015

Aburrido de esperar


Marc Parrot
Aburrido de esperar




Estoy exactamente en la misma situación que el protagonista de la canción con la que comienza esta entrada. No puedo decir que no me lo haya buscado. Cuando uno espera quiere decir que ha perdido el control de los acontecimientos. En mi caso podemos afirmar que he renunciado, lo que pasa es que no sé cuándo lo hice, la verdad. 

Esperar es, siempre, un error, un tremendo error. En mi caso, es trágico. 

Es cierto que es una ilusión eso de tener una influencia decisiva sobre tus avatares. Y es cierto que yo me he pasado con eso de dejarme llevar.

Y como "soy el que caza moscas aburrido de esperar" tengo que dejar de escribir ahora mismo.

Tengo que actuar.

Ya.