sábado 5 de diciembre de 2009

Los Intocables de la prensa musical

Cada día que pasa estoy más persuadido de que mi profesión es de lo más desagradecida. Hacia el 2000 empecé a darme cuenta de que no quería ser como los grandes nombres de la prensa musical española. Ya iba conociendo bien a algunos de ellos y me daban pena. Eran personas cercanas al medio siglo de existencia que no sabían hacer otra cosa que ser periodistas musicales y que, curiosamente, estaban algo desconectados de la realidad del pop rock internacional. Basaban todo su trabajo en las relaciones personales, con los mandamás de la industria y con los propios artistas. No habían crecido como profesionales desde sus inicios y adoptaban un tono fanzinero que variaba entre lo chusco y lo pretendidamente intelectual. Todos, con alguna honrosa excepción, tienen un ego desmesurado que les sirve para protegerse de ese temor constante que tienen a ser descubiertos, a que el público les desenmascare. De ahí el miedo que tienen a los profesionales de mi generación, porque saben que sabemos más que ellos, que somos más versátiles y que no tenemos veleidades de estrella. Lo único que nos falla es que no hemos sabido jugar en el campo de las relaciones personales como supieron hacer ellos. Nos ha costado una década poder estar a su altura en lo que se refiere a músicos, sellos y managers (ahora que sirve para poco, por cierto). Sin embargo, los directivos de los medios de comunicación creen que estamos varios escalones por debajo de los Intocables de la prensa musical. Creen, atención porque esto es acojonante, creen que "estamos empezando". Luego, cuando se dan la hostia con uno de esos Intocables, suponen que en la prensa musical no hay periodistas.

Hace menos de un mes me encontré con un propietario de un inquieto sello indie en mi lugar de trabajo. Este chico es de mi generación  y me dijo, en un aparte, que estaba sorprendido de que, en ese momento y a nuestro alrdedor, hubiera "gente de nuestra edad". Yo llevo en esto desde el 93 y, por fin, empiezo a ser visible. No parece muy justo.

lunes 30 de noviembre de 2009

La gratuidad

Hace como diez años, cuando Internet empezaba a formar parte de mi vida, solía decir que ese pretendida revolución digital no era para tanto. Algún cambio de impresiones tuve con gente que decía que La Red iba a modificar profundamente nuestras costumbres. Yo sostenía que lo único que iba a ocurrir, como mucho, es que la vida se nos haría más fácil en algunos aspectos.

Me equivocaba.

Lo que Internet ha traído es el concepto falso, mentiroso, tramposo, de la gratuidad. Especialmente en el mundo de la música. Hace como diez años era aceptable comprarse un disco. Ahora, los que todavía vamos a tiendas de música somos vistos como bichos raros, como excéntricos sin remedio, como idiotas a los que nos gusta tirar el dinero. Entiendo que la irrupción del CD, a principios de los 90, hizo que comprar música fuera un 100% más caro. Y que eso fue una muestra de la avaricia de una industria cuyos niveles de analfabetismo empezaban a ser preocupantes, especialmente en este país.

Sin embargo, esa realidad no justifica en absoluto que queramos pensar ahora que la música tiene que ser gratis. ¿Por qué la música tiene que ser gratis y no el agua o la comida?  ¿Por qué la música tiene que ser gratis y no las medicinas?

Hace muchos milenios que la Humanidad realiza sus intercambios por medio de esa cosa odiosa que es el dinero. Es decir, la única escala objetiva que tenemos para poner en valor las cosas es el vil metal. Y esta sociedad ha decidido que la música no vale nada. Una cosa es que un chaval de 12 años se grabe en cinta sus discos favoritos porque no tenga pasta. Y otra cosa es que gente con poder económico se baje de la mula el último disco de La Oreja de Van Gogh, o de Alejandro Sanz, o de Franz Ferdinand. ¿Soy el único al que le parece obsceno?

martes 17 de noviembre de 2009

Una tomadura de pelo (Un desahogo placentero)

Esa es la expresión que más utilizo últimamente. Todo me parece "una tomadura de pelo". Las bandas de moda, las películas que le gustan a todo el mundo, los libros más leídos. Toda la cultura oficial me parece una idiotez. No son más que refritos de cosas antiguas, algunas de las cuales estaban bien y otras no tan bien. El futuro ya no existe.

No veo entusiasmo real por nada. Ni siquiera por los videojuegos. Todo es mentira.

Todo es una tomadura de pelo. (Ejemplos: "Inglorius basterds", Black Joe Lewis, Cormac McCarthy)

Podemos considerarlo como oficial el hecho de haberme convertido en un viejo cascarrabias. Lo peor de todo es que me mola. Lo peor de todo es que ser un puto listillo es lo que siempre quise ser.